Las semanas habían pasado demasiado lento para mi gusto, exactamente un mes, Robert se había encargado de cuidarme, ya no jugamos a “atarnos y torturarnos”, después que inconscientemente le confesé mi amor en una ocasión, las cosas cambiaron un poco, ahora Robert estaba más atento conmigo a un punto que llegar a lo empalagoso, mi abstinencia y desintoxicación fueron un infierno como me lo imaginé, pero gracias a la compañía del idiota pude sobrellevarlo mejor que en otra ocasión, ahora estábamos comiendo mi desayuno favorito: panqueques con miel y queso, yo me había encargado de hacerlos, ya que Robert no cocinaba nada bien. — Muy bien Alex haremos lo siguiente — explica Robert tragando un enorme trozo de panqueque que introdujo en su boca — primero: te vas a dar un buen baño porque apes

