Adam. El sol apenas está saliendo cuando yo ya me encuentro de pie. Mi habitación, en el mismo piso que el de mi hija, se siente un espacio vacío y demasiado grande para mí solo. Aparte, la emoción que tengo dentro de mí, de tener a Brooklyn viviendo a solo unos metros, me obliga a levantarme antes de que suene mi alarma. Estoy acostumbrado a esto, más que nada, en todo este tiempo en que viví solo, porque la realidad es que no he sido mucho de dormir en estos tiempos. Me levanto, me ducho y como no tengo que ir a la oficina ya que mi asistente vendrá con los planos necesarios para que pueda continuar trabajando desde casa, me visto con ropa informal, algo que no se ve todos los días en mí. Después de tantos años, tengo ánimos por la mañana y eso es extraño. Por supuesto que todo l

