Sophie se quedó en la entrada, su mirada recorriendo cada rincón como si fuera la primera vez, aunque sabía que no lo era. Observaba las paredes, el sofá, la repisa con los marcos intactos, las luces tenues que tanto le gustaban, los detalles oscuros y minimalistas que yo nunca quise cambiar. —Todo sigue igual— murmuró, casi para sí misma. La observé desde el umbral, aún sin soltar su mano, aunque no la presionaba. Me dolía lo mucho que la extrañé. Pero más aún… que ella creyera que todo esto había cambiado sin ella. —Porque no quise cambiarlo— respondí con voz suave, sin rastro del tono frío que el mundo conocía —Ella quiso. Lo intentó, varias veces. Trajo a un diseñador, quiso poner tonos beige y alfombras… ¿te imaginas esta casa llena de beige?— Sophie giró lentamente el rostro haci

