La hora del almuerzo nos agarró en pleno desencuentro, como un reality show de emociones complicadas. Carla y yo, en la sala, estábamos más tensos que cuerda de guitarra antes de un concierto. El mediodía se convirtió en el escenario donde las peleas y malentendidos eran la función principal. "Oye, Jake, esto no se siente bien, ¿sabes? Anoche fue intenso, pero no resuelve nada. Hay heridas que no desaparecen con un momento apasionado, ¿entendés?" soltó Carla, con una mezcla de enojo y frustración. El mediodía estaba tan callado que hasta las moscas se sentían incómodas. Tratamos de hablar claro, pero cada palabra parecía más un golpe que una solución. El mediodía se convirtió en una arena de lucha donde nuestras emociones peleaban una batalla sin sentido. Aunque intentamos entendernos, l

