Sí, tenía que darse prisa y esconderse, pero algo le detuvo, fue como si se le helara la sangre, el grito de dolor había sido tan grande y desgarrador que no fue capaz ni de moverse un poquito, ni un solo paso dio cuando movió de repente la cabeza para ver de dónde venía esa exclamación dolorosa, y lo vio, claro que lo vio, pero por más que lo miraba no daba crédito a lo que estaba sucediendo, un poco más calmado y comprobando que nadie se había percatado de su presencia decidió acercarse con sigilo para ver aquello más cerca. Se cercionó que el sitio desde el que había decidido espiar no le acarrearía ninguna sorpresa, era entre una peña, y puso con cuidado unos pedruscos detrás de él, de tal forma que nadie podía acercarse sin tropezar, lo que le haría poder descubrir a su posible ataca

