Narra Fernando A veces, cuando la alarma de mi celular sonaba a las 5:00 a.m., yo deseaba no tener que madrugar todos los días, y simplemente quedarme en casa viviendo de las ganancias de Café Bustamante y de Orejuela Lawyers. Podría hacerlo, pero quedarme en casa haciendo nada me volvería loco. Eso, y que no pensaba desperdiciar todo el dinero que mi padre invirtió en mi educación. Y lo que aún me faltaba... Mientras iba en la camioneta, con un somnoliento Alejandro a mi lado, babeando en mi hombro, amenazando con estropear mi caro traje de Prada, miraba opciones de doctorado en las mejores universidades de Bogotá. Carlos había obtenido su doctorado a los 30, así que yo no me podía quedar atrás. Y tal vez, solo tal vez, estaba mirando opciones de un máster para Daniela, aunque ell

