*Narra Isla* Habían pasado algunos años. Cedrik tenía veintiséis años y yo veinticinco. Mamá seguía igual, sin dirigirme la palabra. En las fiestas y en las vacaciones vamos a siempre a Nueva York, ella también. Es entonces cuando siempre siento su mirada apuñalándome por ser una incestuosa. Pero ya no le doy importancia, entendí que ella no lo aceptará nunca y yo no puedo estar rogando su perdón el resto de mi vida. Ahora es con papá que tengo una relación de la que me siento muy feliz. Cuando tiene vacaciones viene y se queda unos días con nosotros. Por lo menos me reconforta que esté a mi lado a pesar de que no esté de acuerdo con la relación que tenemos Cedrik y yo. Por otro lado, con Cedrik las cosas van normal, obviamente con nuestras discusiones como de costumbre. Aunque ú

