—¡Eres una apóstata Amira!—exclamó Ayub cuando cruzamos la mirada, grita de forma desesperada y me mira con todo el desprecio que puede contener una persona tan pequeña.
La Sra Najwa lo mira con desdén y nos aproximamos a la salida del lugar.
Rola y yo seguimos sujetas de los brazos, somos conscientes de que si mi hermano se encuentra en el bazar es porque está acompañado de mi madre... Y en este punto de la encrucijada no sabemos de qué pueda ser capaz mi mamá... Pero de lo que si estamos seguras, es de que no nos confiamos de ellos... Mi hermano y mi madre me han demostrado que son personas completamente inescrupulosas y poco merecedoras de compresión o confianza.
Intentamos llegar lo más rápido posible al estacionamiento, nos apuramos en subirnos al auto y cuando estamos esperando que se encienda... Sucede lo que tanto temía que sucediera...
Mi madre se pega de la puerta trasera y mi primera reacción es subir la ventana con avidez.
—¡Por favor Amira como te atreves a desobedecerme de esta manera!, ¡Estás viviendo con unas vándalas! —grita con euforia mi madre en medio del estacionamiento.
Decido imponerme, no es justo para mí tener que ser yo la que pase semejante vergüenza ante todas las personas que se encuentran en el sitio y deben estar pensando que soy una hija rebelde que se ha escapado de casa...
—Madre, ¿te desobedecí en dejar de vivir en el húmedo y sucio sótano en donde me condenaste?, y te exijo que aprendas a respetarme y dejes de faltarle el respeto a estas damas que lo único que han hecho ha sido apoyarme y brindarme su refugio, compresión y el amor que no has sabido darme... Retírate con dignidad y déjame en paz. —Espeto con autoridad.
Mi mamá empieza llorar en medio del lugar, las lágrimas corren por ese rostro que en su momento ame y admire tanto... Creo que es bastante difícil de procesar como la vida puede cambiarte tanto de un repentino momento a otro.
La señora Najwa se voltea y me pregunta si estoy decidida a avanzar, y dejar a mi madre hecha un mar de llantos en medio de un estacionamiento... Asiento. A ella no le importó dejarme de la misma forma en un sótano solitario sin que nadie supiera de mí. Pude haber muerto, y a ella no le importó. No voy a volver a su jaula para que vuelva a condenarme sin ser yo merecedora de sus impertinentes malos tratos, yo he decidido labrar mi propio camino.
En el camino a casa nos percatamos del calendario, mañana es mi último primer día de clases en la universidad. Estoy a unos meses de titularme como psicólogo. Tengo muchos planes, quiero ejercer mi carrera con todas las libertades que puedan serme concedidas de acuerdo a los límites.
Llegamos a la casa de Rola y aún seguimos conmocionadas. Salam nos recibe con efusividad y apenas me mira sabe que algo no está demasiado bien conmigo por mi expresión amotinada.
No pienso dejarme amedrentar por las acusaciones de mi mamá, le cuento a Salam lo sucedido en el bazar y me mira con expresión lastimera y dice:
—Amira mi niña, la paciencia será siempre tu mejor aliada. —me aprieta las manos con las suyas y me indica—El mejor castigo será ignorar, eso es todo, vas a estar bien. —afirma mientras me abraza con afecto.
—Gracias por tus palabras Salam, las cargaré a cuestas mientras me dure la vida. —le digo con seguridad en mis palabras.
Después de entrar a la casa me dedico a organizarme con Rola lo mejor posible para ir a la universidad mañana.
Discutimos los últimos temas explicados en clase y comparamos situaciones de la vida cotidiana con lo aprendido.
—Niñas, necesito hablar con ustedes un tema importante. —irrumpe la señora Najwa trayendo refrigerios para nosotras.
Rola le dice que se siente y ella se coloca las manos en las rodillas y empieza a dar cháchara sobre temas ordinarios hasta que pone un gesto serio en la cara y empieza a hablar.
—Amira, toda la localidad estará hablando sobre lo sucedido en el bazar, y quiero recalcarte que aunque todos te consideren una advenediza en mi hogar, lleves consigo que tú eres una más de mi familia, ¿entendido?, las opiniones de los demás no deben afectarte. —suelta la señora Najwa y puedo sentirme conectada con la sinceridad en cada una de sus declaraciones.
—Gracias... Muchas gracias Tía Najwa... Usted y su esposo han sido muy condescendientes conmigo y no tendré como pagar su gentileza. —digo con las lágrimas haciendo un charco en mi rostro.
El día transcurre con la cena, el padre de Rola se enteró de lo sucedido y no le dio demasiada importancia. A él no le importa simpatizar con ninguna persona que consienta algo tan deplorable como la ley sharia, por ende, da por insignificante un desencuentro con mi madre porque la considera una mujer indigna de respeto o consideraciones.
Me quedo dormida a la hora más prudente para levantarme con energía por la mañana y entre tantos nervios y preocupaciones, me despierto a las 6 AM sintiendo que no he pegado un ojo en toda la noche...
Dispongo a arreglarme para mi día de universidad, me baño con tranquilidad y procedo a ataviarme con un vestido beige con mi hiyab color blanco con brillos, fue un regalo de Rola. Sinceramente me veo bastante pulcra, es perfecto para ir a clases, es sofisticado además.
El padre de Rola nos lleva a la universidad, no puedo negar que me encuentro un poco ansiosa, no quiero ser la presa de chisme de mis compañeras desafortunadas que buscan la mínima excusa para criticarme. No he sido nunca el blanco de los chismes de mi aula o de la universidad en general, pero se me imposibilita negar que no he tenido un par de enemigas por el simple hecho de tener un físico privilegiado y buenas prendas por el estado económico familiar... Situación que es obvia que ya no será de esa forma. Solo... Espero que no se hayan enterado de mi huida de casa.
—No quiero ser ave de mal presagio Amira, pero mantente tranquila sea lo que sea que consigas hoy, ¿me lo prometes? —profiere Rola con gesto pensativo.
—Así será Rola, puedes estar en paz, no va a suceder nada. —le respondo de forma concisa, sin ninguna muestra de abatimiento.
Llegamos a la universidad, nos despedimos del padre de Rola y nos conducimos a nuestras respectivas aulas de clases.
Nos encontramos con un grupo de amigas, charlamos un poco sobre lo relacionado con prácticas académicas y una que otra ha dado pie a que le preguntemos si se ha comprometido.
—Mm Amira, fue muy triste lo de la muerte de tu padre. —comenta Hanna. —¿Cómo se encuentra tu madre? —pregunta con interés, pudiendo percibir la cizaña en su expresión.
—Llevando todo esto, Hanna, entendiendo que fue parte de los designios de Dios. —puntualizo sin interés de continuar una conversación con ella.
—Eh, entiendo... Tío Amin era un gran hombre, a pesar de los mal intencionados que declaraban en su contra. —dice con fingido agrado por mi padre, intentando empatizar conmigo.
Rola me hala del brazo como si necesitara decirme algo de vida o muerte y me da una estremecida que termino tropezándome de forma estruendosa y cayendo al suelo... No podía pasar una pena mayor.
—¿Hola? —pregunta un chico pelinegro con ojos grandes. —Soy Ahmad, voy en tu clase, ¿sería un abuso si intentará ayudar a levantarte? —emite la pregunta con nerviosismo.
—No hace falta. —espeta Rola acercándose hasta mí y proporcionándome sus brazos como apoyo para levantarme del suelo.
Ahmad continúa sin camino sin haber emitido ningún gesto de molestia en contra de Rola por su intervención, al contrario pude ver una media sonrisa posicionarse en sus labios, no le doy demasiada atención ni lo comento con la apenada Rola y nos encaminamos hasta el aula en que nos corresponde estar en los próximos minutos.
—De verdad siento muchísimo haberte lanzado al frío suelo Amira. No fue mi intención. Solo... —hace una pesa endureciendo de forma notable su gesto—Quería poder ser útil y zafarte de la incomodidad de compartir el mismo espacio de la desagradable y mal educada de Hanna, no quería avergonzarte, de verdad Amira. —se excusa Rola con el rostro sonrojado como una niña traviesa.
Me enternecen sus disculpas, estoy segura de que no me ha tumbado al piso adrede, fue un accidente que pudo haberle sucedido a cualquier persona... Lastimosamente no he tenido demasiada suerte en evitar que esa persona fuera yo.
—No te preocupes Rola. Eres la hermana que mi familia nunca me dio, jamás pensaría que has intentado hacerlo a propósito para humillarme, sé perfectamente quien eres y no tienes que disculparte, no es correcto. —le explico de forma cariñosa.
Rola y yo nos sentamos en pupitres cercanos en el aula de clases, la profesora explica diversidad de temas respecto a terapias psicológicas utilizadas para adultos mayores y todos le escuchamos con absoluta atención, su clase es muy dinámica y entretenida lo cual ocasiona que todos prestemos atención a gusto y conformidad.
En el momento en que termina la clase, Rola y yo nos acercamos a la salida. La señora Najwa se comprometió a recogernos y nos ordenó quedarnos lo suficientemente visibles como para poder encontrarnos sin ningún esfuerzo.
Nos busca en el lugar acordado y llegamos a casa, comentamos todo lo referente a lo ocurrido en clases y fuera de ellas con carisma de parte de Rola y el día se va en un abrir y cerrar de ojos, así que decidimos sentarnos en la parte del frente de la casa, debido a la ausencia del sol.
Estuvimos charlando y parloteando por todo el rato hasta que vemos un auto aproximarse, y vemos bajar a Ahmad de él...