No había pasado mucho tiempo desde que habiamos enterrado a nuestro padre, por lo que me encontraba rezando por que llegara sano al cielo aunque supongo que por participar en una guerra no iría al cielo.
Después de todo era mal visto que alguien que fuera a la fe tomara un arma y participará en esos eventos.
— Dios, suplico que nuestro padre se encuentre en el mundo celestial.— decía con mis manos en signo que de rezaba con los ojos cerrados.
—Tambien ruego por el bienestar de mi amado hermano mayor Rodrigo, el de mi madre, por la salud de mi hermano Carlos y alexander.— decía en vos baja.
Rogaba y rezaba con dolor: el bienestar de mi familia, algo que me enseñaron desde que tengo conciencia y uso de razón.
Culmine aquel rezo agradeciendo todo lo que tenía como siempre lo hacía cada día, cada hora y cada cierto momento.
Sentí que alguien tocaba mi hombro así que dirigí mi mirada a aquella persona viendo que se trataba de mi hermano Carlos quien me miraba.
— Sucede algo hermano?— pregunté confundida
— Algo así... Saldré un momento y necesito que cuides de nuestra madre.— de inmediato asenti poniéndome de pie.
No necesite saber nada más así que fui directamente a dónde estaba mi madre quien se notaba algo más tranquila por así decirlo ya que no estaba llorando como anteriormente.
Aquello me daba cierta sensación de tranquilidad así que me senté a lado de mi madre quien se encontraba viendo un álbum de fotos familiares.
— Mi amado Roberto....¿Porqué te fuiste?— decía mientras miraba una foto donde estaba mi padre más joven vistiendo un pantalón de mezclilla y una camisa blanca, tenía un sorprendente a mi hermano mayor Rodrigo.
Cabello siempre corto color castaño, ojos pequeños y un poco rasgados con un diminuto lunar debajo del ojo izquierdo, se le marcaba un hoyuelo al sonreír siendo exactos el derecho igual que Rodrigo, sus ojos eran de color café claros tan claros que podías notar cuando se molestaba o no lo estaba ya que se oscurecian.
— Lamento el día que tomaste aquella carta.— al escuchar aquello de inmediato me puse de pie para buscar algo que podía distraer a mi madre para no verle llorar.
— Mi Robert...— Comenzó a sollozar aquello solo era señal de que comenzaría a llorar de nuevo...
— ¿Madre te gustaría hacer un pastel?— pregunté de inmediato sacando harina colocándola en la mesa.
Aquello la había hecho sobresaltarse note que mordía su labio mientras cerraba con fuerzas sus ojos para evitar derramar una lágrima.
Comencé acercame para consolarla si eso llegaba a suceder debía evitar que cayera en una profunda tristeza que podría lastimarme más que perder un padre.
— ¿Sabes? Cuando tu padre sonreía un hoyuelo se formaba en sus mejillas.— aquello lo decía mientras tenía una amarga sonrisa notandose unas lágrimas que se asomaban en sus ojos.
— Pero madre...— me interrumpió bruscamente
— Como a tu hermano Rodrigo, si algo le pasará...—cerro los ojos unos segundos.—Definitivamente nada le pasará.
Comento con una sonrisa, claramente ella desconocía de que mi hermano Rodrigo se había marchado para cubrir aquel lugar que había dejado nuestro padre al regresar sin vida alguna.
— Por supuesto madre.
Después de pronunciar aquellas palabras tomo un tazón grande para vertir aquella harina para poder preparar aquel pastel que me servía de escusa para distraernos de lo que había pasado aquel día.
Aquel día habíamos enterrado a nuestro padre ese mismo día mi hermano mayor se marchó con la promesa de que volvería sano y Salvo, después de todo el lo había prometido.
— Lo prometo...— dijo levantando el dedo meñique haciendo así una promesa.
Recordaba aquellas palabras ya que recién las había dicho Rodrigo ayer cuando había partido a la guerra con el deber de cumplir con aquella promesa que me daba miedo en solo pensarla.
— ¿Estás bien?— pregunto mi madre haciendo que entrara en razón ya que estaba en el mundo de mis pensamientos.
Asentí con una sonrisa falsa mintiendo descaradamente a mi madre en aquel momento pero al parecer no lo notó.