CAPÍTULO VEINTIOCHO Eran las 2:47 cuando se recostó en la cama y para las 2:50, ya sabía que le iba a ser imposible quedarse dormida. Aun así, era glorioso estar tumbada. Podía sentir como se desvanecía la adrenalina a medida que se relajaba su cuerpo. El zumbido en sus oídos llegó por un instante y después se disipó. Tuvo que tumbarse cabeza abajo en la cama para alejarse del agujero en el colchón que mostraba dónde una bala casi había acabado con su vida. Continuaba reproduciendo la escena en su mente una y otra vez. Vio al hombre, levemente pertrechado sobre el borde del colchón. Por lo visto, estaba disponiéndose a bajar el arma y a apuntarle a la cabeza cuando ella se despertó. Suponía que el movimiento repentino le había distraído lo suficiente como para darle a Mackenzie el segund

