—Traigo su café, señor —dijo a regañadientes antes de entrar a la oficina. —Bien, pasa —respondió él mientras trabajaba desde su ordenador. —Puedes ponerlo ahí en la mesa si quieres, me sentaré a comer en un momento. —¿No ha comido aún? —aunque no es como si le preocupara del todo o eso se hacía creer. —Ayer fue un día ocupado, hoy tengo varias cosas que hacer y desde que llegué lo olvidé totalmente hasta que mi estómago empezó a arder. —No debería saltarse las comidas —replicó ella. —Si piensa recuperarse así no creo que llegue muy lejos. —¿Preocupada? —preguntó mientras la observaba ordenar la mesa. —Si se muere nadie pagará mi salario —no pretendía darle nada a lo que burlarse. —Al menos ten un poco de preocupación por tu jefe —dijo Jin. —Eso hago, le estoy diciendo que

