Cuando el nombre de su padre apareció en su teléfono, se sintió inmediatamente culpable. No había llamado para asegurarse de que su padre estuviera bien en dos días. No había preguntado por su progreso. «¿Qué pasa, hijo?», preguntó su padre. —Nada. Perdona que no te haya llamado. —Miró la hora y se dio cuenta de lo tarde que era en el Reino Unido—. Deberías estar durmiendo, papá. Ya sabes lo que dijo el cardiólogo. —Alex, me siento bien. Me estoy recuperando bien, y solo fue un infarto leve. Ahora, dime qué te pasó, para que tu padre no se estrese. Alex suspiró y apartó la mirada, debatiendo qué debía decirle a su padre. De pequeño, parecía que el hombre siempre sabía cuándo ocultaba algo. Alex aprendió rápidamente a decir toda la verdad y a asumir la responsabilidad de sus actos. Si n

