Para su horror, parecía que la noticia de la presencia de Alex había llegado a Lauren. Los empleados de su piso intentaban mirar a todas partes menos a la rubia alta que esperaba a su hermana. Para alivio de Emma, su madre llegó justo a tiempo. Helen se aseguraría de que no se armara una escena. —Alexander, qué agradable verte de nuevo —dijo Lauren dulcemente. Emma puso los ojos en blanco. —¿Cuándo pararás?—, pensó. Estaban trabajando. Y eran profesionales. —Me alegro de verte también, Lauren —dijo educadamente—. Y, por favor, soy Alex. Alex tenía curiosidad por ver qué clase de juego jugaría Lauren. Al fin y al cabo, todos los que trabajaban en ese piso habrían visto o oído que había besado a Emma. Una parte de él sonrió para sus adentros ante la posesividad del asunto... otra parte

