Alex estaba tocando la pantalla de su reloj deportivo. «No, acabo de terminar». Emma cruzó el umbral de la habitación y caminó hacia él. Su delicado dedo trazó una línea a lo largo de su reluciente pectoral. Un toque suave. Cerró los ojos. —Emma, tenemos que hablar —dijo en voz baja. -Sé lo que vas a decir, Alexander. Las últimas dos semanas no significaron nada. No podían. Simplemente se lo habían pasado bien. Emma no se permitía creer nada más que eso. Miró a su alrededor todo el equipo de entrenamiento. Esta sala estaba mejor equipada que algunos gimnasios profesionales. —¿Por qué te esfuerzas tanto?— —Para tener control. Lo necesito en todos los aspectos de mi vida —dijo, observándola. Ella seguía con las manos sobre él. ¿Es porque quieres controlar quién entra y sale de tu vi

