Si Matt era radiante, Hannah era una llama. Una vibrante melena roja le caía sobre los hombros. El vestido camisero rojo que llevaba contrastaba intensamente con su piel. Sus ojos marrones, que lo habían cautivado meses atrás, reflejaban tanta aprensión que ansiaba atraerla hacia sí. Era aún más hermosa de lo que recordaba. ¡Y, ay, la recordaba! La recorrió con la mirada, y entonces notó lo que había cambiado en ella y sintió un nudo en el estómago. Pero no podía alejarse de ella. No después de todos estos meses. Se acercó a ella, observándola mientras estiraba el cuello para mirarlo, y por un instante, solo quiso besarla. Asegurarse de que realmente estaba en su oficina. Reemplazar el recuerdo de su último beso con uno nuevo. Ese recuerdo lo había atormentado. El frío vacío que se habí

