14. Debería llamarse Ámbar por el dulce que tiene su piel. En ese momento de intimidad incluso olvido mi nombre y que el propósito de mi presencia en ese departamento es solo el monetario. Sarah está ebria y me parece que debo apartarme por mucho que no lo quiera. —¿Qué pasa? ¿Por qué te detuviste? –pregunta algo confundida. Tiene las mejillas enrojecidas por el placer y la bebida. Me aparto para pensar en una excusa, pero me detiene con facilidad y comienza lentamente a bajarme el cierre de mis jeans. —Me toca darte placer… —susurra mirándome desde abajo con esa cara de ángel caído que tiene ahora. Me gustan sus labios carnosos. Me gusta la manera en cómo me mira ahora… parece una persona muy distinta. Sarah se apodera de mi pene, juega con su lengua y luego, siento sus labios suave

