11. —¿Cuándo esta conversación se volvió una charla moral? Veo que tu pierna está mejor… y por cierto… era la otra la que te tenías lesionado. Cuando llegue mi asistente te hará un cheque. Seguro es lo que buscas… —me lanza como un desprecio. Sarah está a punto de retirarse de la sala. Por nada en el mundo debe sospechar de mí. —Eso no es cierto… No quiero su dinero, señorita. Sarah me mira como si acabara de escuchar una novedad. —Entonces… la puerta está abierta. Puedes marcharte. Ahora que me dice eso me doy cuenta que no debí decir todo lo anterior. Debo improvisar. —No, no puedo… tengo la pierna herida. No sé qué le hace pensar que no duele, quizás y son los dos pies que me duelen… yo solo esperaba que me lleve al hospital… —Firma el papel y haré que una ambulancia venga por v

