Clementina Quinn Los ojos de Alex me hacen suspirar, estos brillan en su celeste en medio de la penumbra que nos rodea. Él acaricia mi mejilla estremeciéndome con placer, pues es el único capaz de hacerme sentir bien con su tacto, es como si no pudiera vivir sin él por más dependiente que suene, quizá así se siente el verdadero amor. ─Manda al demonio esa farsa, no soportaré verte con ella ─digo en un arrebato llamando su atención. Él suspira. ─Es lo que más quisiera, pero de ello depende el que seas libre…podrían conseguir cualquier cosa o inventar que has estado aliada con la mafia irlandesa al ser esposa de Alfa, sé que…te casaste con él ─declara, mis ojos se abren con sobresalto. ─No fue porque quise, Alex, te lo juro yo… ─Lo sé, fresita ─interviene desoriéntandome. Él levanta

