Capítulo 29 Los días se tornaban cada vez más intensos. La empresa era un campo de batalla en el que Franco luchaba por mantener el legado de su padre, y yo me había convertido en una aliada indispensable. Aprendí a leer entre líneas, a interpretar miradas y a enfrentar a quienes intentaban debilitarlo. Pero fuera del despacho, la presión también era constante. Una mañana, mientras revisaba unos informes financieros en mi casa, recibí un mensaje inesperado: “Necesito verte. Es urgente.” Era de Greg, el hermano de Franco. Mi corazón se aceleró. ¿Qué quería ahora? Sabía que no tenía buenas intenciones. Decidí responder con cautela y acordamos vernos en un café discreto. Al llegar, Greg ya estaba sentado, con su típica sonrisa arrogante y mirada desafiante. —Gia —saludó con frialdad—, ten

