Ya ha pasado una semana desde aquel encuentro casual, he tratado de olvidar a Christopher pero se me ha hecho un poquito complicado. No obstante, Daniel sigue dándome dolores de cabeza, me manda un millón de mensajes todos los días, un millón de llamadas todos los días y sinceramente ya me está cansando un poco. Emilie le ha hecho ver que no quiero hablar con él, no quiero verlo, aun no estoy preparada.
No puedo negar que he pasado de mal humor y con un que otro lloriqueo. He querido volver a salir de juerga y quizá encontrarme al señor Donovan otra vez, pero Daniel vigila mi puerta y no me lo quiero encontrar. También he buscado un empleo pero no he cogido nada. ¡Terminare vendiendo chicles en alguna esquina! La tentación de volver a Birmingham se ha hecho presente más de una vez pero no quiero, no voy a depender de ese hombre ni del apellido que llevo. El ha enviado a los subordinados y me han ofrecido pagar el resto de las mensualidades.
Ya es lunes otra vez y tengo que entregar unos últimos trabajos para finalizar mi estadía ahí, he pensado en buscar una universidad pública y terminar los seis meses. Emilie también me ofreció ayudar con un par de meses, pero su familia está en un lio legal que les ha hecho bajar la rentabilidad de su empresa. Daniel también, él me ha mandado a decir que, si acepto regresar con él y casarnos me paga todo. ¡Tonterías!
A las 9 de la mañana camino por la facultad, ya he terminado todo, mi profesor me ha pedido que hable con los superiores para poder arreglar el asunto pero me he negado. Emilie se planta frente a mí con mal gesto.
-Soph, te lo pido por mi madre. ¡Quita esa careta y sonríe!- gruñe.
La miro por largos segundos, sus brazos en jarras y un atisbo de asesina serial en la mirada. Hago el intento de sonreír pero creo que más una mueca.
-Eso no llega ni a sonrisa fingida- gruñe.
-Vale. ¡Buen día!- trato con otro gesto.
-¡Mi amor!- un grito me pone en alerta. Me giro para poder ver a Daniel corriendo hacia nosotras, mi gesto cambia y me encuentro nerviosa, no quiero verlo, ni hablarle. Es hijo de puta que se olvide ya de mí, yo quiero olvidarme de él.
-¡No te atrevas a acercarte a ella!- Emilie sale en mi defensa.
-Sophi, por favor princesa, perdóname, habla conmigo te lo suplico. Esto ya no es vida sin ti- Me mira triste, sigue viéndose guapo como siempre y me abofeteo mentalmente por mi pensamiento.
-¡Cállate!- Emilie le grita furiosa.
Daniel le ignora, no aparta la mirada de mí y yo no logro articular ninguna palabra. ¡Qué demonios! ¡Estoy furiosa!
-Princesa, sabes que te amo y no quiero a ninguna mujer en mi vida que no seas tú- suplica.
Me mira esperando una respuesta, me ha puesto furiosa, sus palabras se escuchan sinceras pero sus acciones han sido tan engañosas y falsas. No, j***r, quiero llorar y trato de evitarlo.
-¡Cállate!- grito. -Tú no me amas, me has traicionado y eso nunca lo podrás cambiar. Te lo pido, déjame en paz antes que empiece a odiarte- mascullo. Lo miro furiosa, me mira sorprendido y su arrepentimiento crece.
-No puedo dejarte, perdóname, escúchame, haré lo que me pidas... puedo pagarte la universidad si quieres, sabes que puedo permitirlo- que cínico. No me creo que quiera chantajearme.
-¡Quieres aprovecharte de su situación!- le grita Emilie.
Sus ojos expresan arrepentimiento, sé que está buscando cualquier excusa para poder regresar a su lado pero es imposible. Me ha engañado y yo no puedo ser una estúpida y regresar con él.
-No, no quiero nada que venga de ti- farfullo.
Me doy la vuelta, tengo que ir lejos. Me sujeta del brazo, seguid me abraza de la cintura reteniéndome a su lado. Trato de soltarme de él, le grito que me deje pero no hace caso, forcejeo pero es más alto y fuerte.
-No voy a dejarte ir- susurra. Me estremezco. ¡j***r! No puedo dejar de sentir lo que siento, no tan rápido.
-¡Aléjate de ella!- Emilie trata de alejarlo.
-Mira, aun eres mía- susurra. -Me perteneces, mi querida Sophia- besa mi cuello, j***r, me estremezco otra vez.
Trato de soltarme de su lado, inútil, me detengo cuando un Aston Martin se estaciona enfrente de nosotros, el corazón me da un brinco. Me quedo paralizada, no será el carro de... ¡Jesús! Se abre la puerta del piloto, y baja un hombre alto, de traje n***o, camisa blanca y corbata negra. ¡Dios! ¡Christopher Donovan! Es más guapo de lo que recuerdo, camina hacia nosotros a paso decidido y arreglándose la americana. Lo miro y él me mira con sus ojos verdes. Tiene los labios en una fina línea, esta tenso y no puedo pensar en otra cosa que no sea volver a besarlo.
-¿Podrías soltarla?- No lo comprendo, reacciono y me doy cuenta que Daniel aun me tiene de la cintura. Trato de zafarme pero él me sujeta aún más.
-Es mi novia y ¿quién eres tú para venir a darme órdenes?- le desafía. Christopher frunce el ceño, lo mira pero no dice nada, se muestra superior y me observa. Me quedo como tonta viéndolo, uau, Daniel me aprieta más.
-Daniel, suéltame- pido.
-Mi amor, pero si aún me deseas, solo tienes que perdonarme y aceptar lo que te doy- acaricia mi cuello con sus labios. ¡Demonios! -Te lo daré todo, solo tienes que casarte conmigo- ¡Ni loca! Lo miro furiosa.
-Ni loca haría eso, así que ¡Suéltame!- gruño.
-Ella ha dicho que la sueltes- Christopher le dice. –Sophia.- me dice. Rápidamente Daniel lo mira, arquea una ceja y el trajeado lo mira desafiante.
Me suelta pero me agarra la mano con fuerza, Christopher lo ve impaciente y se acerca más a mí, ignorándolo a él, me besa la mejilla a lo que yo me sonrojo.
-Aléjate de ella- le grita Daniel.
Christopher me pasa el brazo por la cintura jalándome hacia él, haciendo que Daniel suelte mi mano instintivamente.
-¿Me has cambiado por este tipo?- Daniel gruñe, vuelvo a ver a Emilie que hasta ahora no ha podido cerrar la boca de sorpresa. Le hago una seña de que me ayude y ella reacciona inmediatamente. Se acerca y tira de Daniel hasta otro lado.
-Ven, vámonos de una buena vez y deja de molestarla-
-No me iré hasta que me diga quién es este tipo- mira furioso a Chris pero él solo me mira a mí y me sonríe.
-¡Vámonos!- Emilie lo jala pero él no cede.
-Vete, por favor después hablara contigo- dice fría.
-¿Me lo prometes?- dice esperanzado. Asiento, al fin se va y Emilie me hecha una cara de me lo tienes que contar.
Regreso la mirada hacia Christopher, me sonríe pero puedo notar que está molesto. Me trato de separar, pues aún sigue sujetándome de la cintura.
-Buen día, señorita Neuer- sonríe.
-Buen día, señor Donovan. ¿Aún me recuerda?- trato de sonreír pero creo que es una mueca.
-¿Cómo olvidarle?- sonríe. Me mira por largos segundos, estira su mano hasta llegar a mi mejilla, limpia una lagrima que resbala sin problemas.
-Te ha lastimado y eso me molesta- me mira tiernamente. -¿Ya has desayunado?- niego y asiente.
-¿Qué te parece si te invito a desayunar y hablamos?- lo miro desconfiada, después de todo no le conozco, solo tuvimos una noche de sexo y nada más. Y eso paso por que realmente me sentía mal y estaba muy borrachita. Me observa con una sonrisa así que al final acepto.
Caminamos hasta su auto, me siento triste pero a la vez me siento feliz de que me haya buscado. Estoy molesta conmigo misma, amo a un hombre que me ha traicionado, pero me he acostado con otro que esta llevándome a desayunar.
-Tienes un hermoso rostro, y esas lagrimas no le van bien- me mira y sonríe luego regresando la vista.
-Lo siento- susurro.
No dice nada más en todo el camino, lo observo y ahora que hay más luz que aquella noche me parece aún más atractivo, no me arrepiento de lo que paso pero si sé que no quiero que vuelva a pasar, no es porque no haya sido bueno, el problema es que considero que fue una falta de respeto a mí misma y de una u otra manera me siento mal por haber engañado a Daniel. Aun lo amo, hemos pasado mucho tiempo juntos y es muy difícil desaparecer ese tipo de sentimientos de un día para otro. Me limpio otra lágrima. Y salgo de mis pensamientos cuando Christopher habla.
-Hemos llegado- sonríe. Y así era me había llevado a una pequeña cafetería. Entramos sin decir nada. Me lleva a una pequeña mesa al final viendo hacia la calle. Me pregunta que es lo que quiero pero solo le digo que lo que él decida está bien para mí.
Camina hacia la pequeña cola capturando las miradas de algunas mujeres en sus mesas. Es jodidamente alto, lo miro desde su cabello castaño hasta su... ¡Dios mío! Ese trasero que hace unos días estuve tocando, me sonrojo y el me vuelve a ver sonriéndome. ¡Mi vida! ¿Se ha dado cuenta? Segundos después regresa con una bandeja, con dos cafés, pan tostado, fruta etc. Casi no tengo hambre, en realidad tengo días de no alimentarme bien, ahora que lo pienso si no es por Emilie, que me hacía comer uno o dos tiempos estaría como esqueleto.
-Ten, come un poco- sonríe. Me da de todo un poquito pero yo no quiero comer.
-Sophia tienes que comer- me mira seriamente. Cojo un pedazo de pan con mantequilla y lo comienzo a mordisquear.
-¿Ha que ha venido?- pregunto. Su expresión cambia y lo noto tenso.
-Tengo algo que proponerte- dice dándole un trago a su café.
-¿Es por lo que paso?- sonríe.
-Es aparte de eso, es en sí una propuesta- Sus verdosos me descolocan.
-¿Qué propuesta?- pincho una fresa. -¡Agh!- gruño. Un escalofrió me recorre los brazos. -¡Esta acida!- susurro. Christopher se ríe. -No es gracioso- le miro mal.
-¿No te gustan las fresas?- trata de controlar la risa.
-No mucho, bueno no me gustan todas las frutas- frunce el ceño.
-¿Cuáles te gustan?-
-Sandia, fresas pero solo que sean dulces o con chocolate.- digo como niña pequeña y él ríe- y sandia- finalizo. De hecho, solo me gusta la sandía y la puedo considerar mi fruta preferida.
-Interesante- ríe.
-No cambies el tema, ¿cuál es tu propuesta?- cambia su expresión. Le dedico una mirada tranquila, le doy un mordisco a mi pan de chocolate esperando su respuesta.
-Quiero que sepas, que esto no tiene nada que ver con esa noche perfecta que pasamos, es más bien un negocio para mí- me mira y asiento. -Quiero que te cases conmigo- suelta sin más.
Me atraganto con el pan. ¿Qué habla? ¿Boda? Pero si solo nos hemos visto una vez. ¡Dios mío! ¿Sera un hombre peligroso? ¿Acaso es una especie de sicario? ¡Madre mía!
-No soy peligroso o un sicario- ¿Me ha leído la mente? Agh ¿Es un chamán? o como sea.
-¿Entonces que eres?- lo miro asustada.
-Estoy en medio de una negociación importante con una empresa Alemana, pero el problema es que la otra parte es muy apegada a mi familia, es casi un tío para mí, pero ha pedido que para firmar el trato tengo que casarme lo antes posible.- frunce el ceño. -Todo esto ha pedido de mi padre que insiste en meterse en mi vida privada, como veras necesita una buena mujer que los engañe fingiendo que me ama profundamente.- explica.
-¿Y yo que tengo que ver en eso?- enarco una ceja -Ni siquiera nos conocemos- frunce el ceño.
-Nos hemos conocido hace unos días- expresa ofendido, creo.
-Sí, pero yo estaba algo borrachita y lo peor despechada- Asiente -Acabo de salir de una relación, amo a Daniel y eso me duele, lo que pase contigo fue perfecto pero no quiero que se repita, ahora tengo unos problemas que tengo que resolver- respondo.
-Lo sé, y lo entiendo. Sé que tienes que pagar tu universidad. No sé qué problemas tengas, pero si se trata de dinero yo puedo proporcionártelo solo necesitas fingir ser mi esposa-
-Dos propuestas de matrimonio en un día- suelto.
-La mía no es un chantaje- escupe molesto.
-¿Estas de broma?- rio nerviosa.
-No, quiero decirte que esto solo sería a lo mucho seis meses. Para año nuevo nueva estarías libre de mi- ¡Dios! -Sé que seis meses te faltan para terminar de estudiar y graduarte.- prosigue. Un momento...
-¿Cómo es que sabes eso?- le digo seriamente. -¿Me has vigilado?- frunce el ceño.
-Me los has dicho en el bar. También me has dicho que el cabrón de tu novio te ha engañado- le miro avergonzada. Menudo espectáculo que le di.
-Lo siento- digo apenada.
-Sophia, solo tienes que pensarlo- me mira- No sé porque pero creo que aceptaras- saca una pequeña tarjeta y me la entrega.
-Este es mi número, llámame mañana y me das tu respuesta- sonríe y asiento.
-No creo que pueda aceptar eso- ladeo.
No me dice nada, noto mucha seguridad en su mirada. ¿Por qué aceptaría? Continuamos con el desayuno, me obliga a comer de todo, no tengo mucho apetito pero me encuentro algo estoqueada. Christopher me lleva a casa, el recorrido a mi parecer fue un poco incómodo, ninguno de los dos decía nada y es un poco molesto.
-¿Cómo sabes dónde vivo?- ¡Sicario!
-Me lo dijiste en el bar- se encoje de hombros.
No recuerdo habérselo dicho, pero no puedo negarlo, no me acuerdo de mucho y sé que dije puras tonterías, que importa si lo sabe con la tecnología de hoy en día no dudaría que sepa hasta a qué hora voy al baño y cuanto me tardo en ello. Se despide de mí, no sin antes pedirme que considere su propuesta y le de él "Si, acepto".
-Llámame- besa mi mejilla. No digo nada y me despido.