SEÑOR W Las favelas de Río siempre huelen a sangre antes de que empiece la matanza. Pobreza, sudor, muerte latente. Son un campo fértil para la creación de monstruos. O su liberación. Desde lo alto de la colina, entre sombras y sin perturbar el entorno, observo la escena con el mismo detenimiento con el que solía disecar cerebros en la fase tres de experimentación. Violet como se hace llamar ahora ha entrado. Ella y su Capitán. Él le llama “fierecilla”. Qué tierna ironía. Pero no hay nada tierno en lo que ella es. Me ajusto los guantes quirúrgicos, aunque no los necesito aquí. Es una costumbre que nunca se me fue del todo. Manías de hombre de ciencia. Como jugar con mis creaciones sin tocarlas. El aire lleva el eco de los disparos. Tácticas limpias. Posicionamientos casi perfectos. N

