VIOLET El aire se siente denso, saturado con el olor penetrante de antisépticos y ozono. Un pitido agudo perfora mi conciencia, resonando en mi cráneo como una alarma persistente. Mi cuerpo está entumecido, los músculos rígidos, y un sabor metálico a sangre invade mi boca. Cada extremidad pesa como si estuviera hecha de plomo. Escucho murmullos. Voces a lo lejos. Varias de ella he logrado aprender a reconocerlas. Pero hay voces nuevas. Con marcados acentos. Intento agudizar mi sentido auditivo, enfocándome en las conversaciones que se desarrollan a mi alrededor. —Este proyecto tiene que ser perfecto —habla alguien que no logro reconocer, tiene un marcado acento británico— no puede tener ni una sola falla. —Lo sé —responde mi amo. Su tono... tenso. Contenido. —No podemos permitirnos ni

