Estaba viendo un aburrido programa de televisión, a veces aprovechaba para desvelarme mientras veía la tele, leía algunos libros o simplemente perdía mi tiempo viendo vídeos de gatitos. Como tenía la mañana libre, podía acostarme tarde. Me fui a la cocina para tomar un vaso de agua, había dejado la costumbre de comer porquerias de noche, y como estaba yendo a la piscina, la barriguita en mi vientre había bajado considerablemente. Volvía a estar en buena forma, o más o menos. También podía contar todo el ejercicio que hacía de un lado a otro en la cafetería. Sentía mis muslos más firmes, al igual que mi trasero. Pero las piernas siempre le dolían por todas las horas que pasaba de pie. Escuché que tocaron la puerta, fui hasta el salón y puse en silencio el televisor. Volvieron a tocar,

