Juntos

705 Palabras

Su piel me debilitaba no me dejaba pensar y fue allí cundo entendí que sus labios me acostumbraron y el . La respiración los gemidos son los sonidos que retumban en esta sala que ahora es testigo de nuestros miedos. Sus manos me toman del pelo para que este no moleste en mi cara. Lo miro desde abajo para ver su cara de disfrute. Mi boca queda chica a tanta hombría, pero no me importa solo saber que disfruta hace que me moje de tal manera que creo no va a necesitar ni tocarme. Él me quita de allí y su lengua la pasa por mi boca como si fuera un perro laminado su mejor hueso. Se sienta en el sillón y me sienta sobre el de un modo tan violento que es más exigente que grosero. Al sentirlo dentro de mí debo apretar mis manos en sus hombros . —Ya no puedes escapar.— —No pensaba hacerlo.

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