Juan Pablo Barrasa, es un joven blanco, cabello n***o, ojos marrones, único hijo varón de Manuel Barrasa, el mayor de cuatro hermanos. Al ser el único varón y primogénito, fue tratado por su padre de manera más especial que sus hermanas.
Se le dio todo lo que quiso. Fue criado con preferencia convirtiéndolo en una persona creída y arrogante.
Cuando quiso ser Arqueólogo, su padre le dijo que el se encargaría de hacerlo entrar sin presentar admisión. Así que un día tomó su teléfono y llamó al profesor Samuel Perez.
* Ring Ring Ring *
- ¿ Aló? Contesta Samuel.
- Samuel soy Manuel Barrasa. ¿ Cómo estás? .
- Don Manuel. Todo bien, ¿ a usted como le va?.
- Bien, bien; ¿donde estás?. ¿ Llegaste a España?. Hay algo de lo que quiero hablar contigo.
- Llego en dos días. Nos vemos en la cafetería de siempre. Lo llamo en cuanto llegue.
Pasaron dos días y Manuel esta en la espera de la llamada de Samuel.
Por fin su teléfono móvil timbra y ve que es Samuel; así que rápidamente contesta:
- ¡Samuel!; por fin llamas. Por un momento pensé que no ibas a llamar.
- Es que tuve un retraso con el vuelo. Acabo de registrarme en el hotel. Así que dejo mis maletas y nos vemos en la cafetería de siempre en veinte minutos.
- Perfecto; nos vemos allá.
Se cambia de ropa y sale rumbo a la cafetería.
Al llegar entra a la cafetería - pastelería Motteau.
La cafetería - pastelería Motteau se ha convertido en la pastelería de referencia en el Barrio de Las Letras de Madrid se encuentra ubicada en Motteau (Calle de San Pedro, 9, 28014 Madrid)
Su fundador, nacido en Buenos Aires, Juan Manuel D´Alessandro, ofrece sus creaciones donde se combina la tradición de la pastelería francesa más refinada y la esencia de su país de nacimiento en un coqueto local de estilo vintage con obrador a la vista del público.
El nombre del establecimiento tiene su origen en la tatarabuela de Juan que trabajaba en la pastelería y confitería Motteau en Yvetot, un pueblo de Normandía, de ahí la foto familiar de principios de siglo en la puerta de este establecimiento francés que nos encontramos en una de sus paredes. Juan es un pastelero vocacional, desde pequeño ha estado vinculado al mundo de la repostería y se ha formado en la escuela de panadería y pastelería de París, la más importante a nivel internacional.
El local, de reducidas dimensiones, cuenta con un par de mesas donde los clientes pueden disfrutar de la completa carta de dulces de Motteau, y donde se cuida a la vez el más mínimo detalle como la vajilla y cubertería.
El secreto del éxito de Motteau es el cuidado de la materia prima y la elaboración artesanal de cada una de sus creaciones en su propio local y a la vista del público lo que hace que el producto conserve una frescura y una textura inigualables. Los viandantes que pasean por la calle Don Pedro no pueden resistirse a entrar cada vez que pasan por delante de su escaparate y ven (y huelen) todas y cada una de las creaciones de Juan.
Asi, dentro de su carta, los golosos más empedernidos pueden disfrutar dlde un selecto menú de tartas y tartaletas donde destacan:
La tartaleta de limón y merengue ( sin duda una de sus “best sellers”), cuya crema está elaborada a partir de una receta que Juan aprendió de su madre.
Asimismo, destaca también la Tarta de almendras con cerezas y pistachos, elaborada sin harina de trigo para aquellos que son intolerantes a este ingrediente; no se puede decir que sea para celiacos porque en un obrador donde se manejan harinas siempre hay polvo en suspensión.
Mención aparte merecen sus famosos croissants, elaborados con esmero y delicadeza y cuya masa quebrada tarda en prepararse tres días, pero que hacen de estos bocados algo inigualable en Madrid.
Todas y cada una de sus creaciones pueden encargarse en tamaños más grandes para llevar a casa ( con 48 horas de antelación), lo que convierte a Motteau en una opción ideal para tus celebraciones en casa con familiares y amigos.
Motteau es sin duda un lugar con encanto, de esos en los que puedes disfrutar de un ambiente agradable y refinado a la vez mientras saboreas una deliciosa tarta para desayunar o merendar.
En este lugar y esperando en una de las mesas junto a la venta se encuentra Manuel.
Pide un mocaccino con una tarta de limón y empieza a comer.
Al cabo de un rato entra Samuel; vestido con un traje n***o, de tres botones; con una camisa blanca, sin corbata y el último botón desabrochado. Manuel esta vestido con un pantalón n***o y camisa blanca.
- ¡Samuel!. Dice levantando la mano para que lo vea.
- Voy.
Al llegar se sienta y empieza a hablar con Manuel.
- Tiempo sin verlo don Manuel. ¿ Cuanto?. ¿ Dos años?.
- Exactamente. Siéntate.
Samuel llama y pide un latte; y mientras se toma su café, le pregunta a Manuel:
- Don Manuel dígame. ¿En que puedo ayudarlo?
- Directo al grano, no has cambiado viejo amigo. Bueno, lo que pasa es que mi hijo acaba de terminar la secundaria. Quiere estudiar Arqueologia y quiero que lo lleves a Egipto.
- Tiene que hacer un examen de admisión donde Manuel, no es tan fácil.
- Si es fácil o no, es tu asunto. No quiero que mi hijo haga ningún examen. Si quieres seguir teniendo dinero para tus estúpidas excavaciones más te vale hacer lo que te digo. Le espeta de manera fría.
- Bien, bien. Lo haré. Dígame algo; si mal no recuerdo se que los gitanos como de la edad de su hijo ya deberían estar casados. ¿Cómo hará con su esposa?. No la puede llevar. Y ahí de verdad que no lo puedo ayudar.
- Por eso no te preocupes, aunque el Está casado su esposa no irá con el. El puede viajar y hacer lo que quiera; aún no le he cedido el poder del clan. Quiero que primero viva su vida y la disfrute.
- Entendido. Hay otra cosa que necesito.
- ¿ Que será?.
- Necesito dinero; para hacer lo que usted quiere tengo que pagar unos cuantos sobornos.
- Por el dinero no te preocupes. Mañana te haré llegar tres millones de euros. Gasta lo que necesites y lo demás es un obsequio para ti de mi parte.
- ¡Muchas gracias don Manuel!.
- No es nada. Otra cosita Samuel; me enteré que un joven estudiará allá. Es protegido de Martin Ponce.
- ¿Protegido de Martin? ¿ Quien es? ¿Cómo lo sabe?.
- Eso no es de tu incumbencia. Necesito que le hagas la vida imposible. Es un cabo que quedo suelto de hace tiempo y quiero hacer su vida miserable. Mi hijo lo ayudará. El le dará los detalles. Por dinero no se preocupe; le haré llegar un pago mensual como regalo.
- Está bien, dice emocionado.
- Entonces te dejo. Avísame cuando se van.
- En tres días nos vamos. Aliste a su hijo para entonces.
- Ok; adiós.
- Adiós.
Manuel se retira y al llegar a su casa llama a su hijo:
- ¡ Juan Pablo!. Ven acá.
Llega su hijo y le dice:
- Cierra la puerta. Siéntate.
Juan Pablo cierra la puerta y se sienta.
- Dime papa.
- Ya hable con Samuel; te vas en tres días.
- ¡ Que buena noticia papa!.
- Pero espera , hay algo que tienes que hacer por mi y solo confío en ti para hacerlo.
- ¿ Que es papa?.
- Esto lo sabrás solamente tu. Eres mi heredero espero que no me falles. Hace años hubo una muchacha que se llamaba Isabel Montoya, ella era la que se iba a casar conmigo, pero la muy estúpida se enamoró de un indio gilipollas y le dio un hijo; logre convencer a la famimia para matar al papa pero cuando lo íbamos a hacer con el hijo Lo entrego a un orfanato.
Me enteré no hace mucho tiempo que resulta que irá a estudiar Arqueologia a Egipto; así que quiero que hagas todo lo posible por matarlo. Es la prueba viviente de la humillación que sufri.
- ¿ Y como sabré quien es?
- Se llama Roberto Gonzalez. Lo conocerás allá. Así que te lo encargo.
- Cuenta conmigo papá.
Pasados los tres días partieron a Egipto, después conoció a Roberto y decidió hacer lo posible para dañar la reputación de Roberto. Fingió un robo en inculpo a Roberto, lo humillaba por su aspecto indígena, entre otras cosas.