Después de que Roberto terminara de admirar la belleza de la plaza, sacó su teléfono y llamó a Don Pepe.
*Ring Ring Ring*
- ¿Aló? Contesta
- ¿Don Pepe?. Soy Roberto, ya estoy en la plaza.
- Hola hijo, esta bien, ya salgo a buscarte.
Cinco minutos pasaron y llegó Don Pepe vestido con un pantalón n***o y una camisa negra abotonada hasta la mitad y con Su bigote abundante y unos lentes antiguos de cristales gruesos, llega caminando rápido como si fuera sido convocado por el mismo Rey de España.
Llegó agitado ya que su barriga amplia no lo dejaba caminar mucho más rápido, seca el sudor de su frente con un pañuelo de tela gris y dice:
- ¡Hola Roberto!. Que bueno que decidiste visitarnos, he querido verte y preguntarte muchas cosas; y aquí estas. Dice con una sonrisa.
- Yo también, me entere de muchas cosas y una tenía que ver con usted, así que aquí estoy.
- ¡Perfecto!. Pero no hablemos aquí. Lleguemos a mi casa y conversamos mejor con una taza de café.
- Está bien.
Van caminando y al rato llegan a una casa que tiene un aire de antigüedad en ella. Tipo colonial , solo reforzada en ciertas partes para que la casa no se desplome.
Al entrar Roberto suspira ante el aroma hogareño y acogedor de esta casa, Que a pesar de lo vieja que se ve, esta cuidada muy minuciosamente y Roberto exclama en un susurro:
" ¡Que ambiente tan acogedor!".
-Gracias muchacho, me alegra que te guste. Dice sonriente la esposa de Don Pepe. Eres bienvenido de venir y quedarte cuantas veces gustes.
- Muchísimas gracias. Dice apenado.
- Siempre a tu orden.
Mientras le sirve café, la señora le expresa con serenidad:
- Hijo, dijiste que querías hablar con nosotros de Raul, ¿en que te podemos ayudar?.
- Pero mujer; deja que disfrute su café. Tu tan impaciente como siempre.
- Mira quien habla; tu también querías decirle lo mismo, solo que yo me adelanté, jum. Le responde ella mientras le saca la lengua.
Roberto se ríe y se asombra como es el trato de esta pareja que se trata como si fueran novios. La señora continua:
- Además el me dijo ayer que se iba de viaje así que no hay que entretenerlo mucho. Por cierto me llamo Lourdes, por aquí me dicen Doña Lourdes, puedes llamarme como quieras.
- Es verdad Don Pepe; hoy me voy de viaje pero quiero aclarar unas cosas que me enteré ayer.
- ¿Si? ¿Que será?
- Lo primero que quiero que sepan es que Raul Gonzalez es mi padre.
- ¿QUEEE? Preguntan los dos sorprendidos.
- Si, soy hijo de Raul Gonzalez en Isabel Montoya. Ellos murieron por la culpa de la familia de mi madre.
Con detalle Roberto les explico todo lo que había descubierto mientras a la pareja de ancianos casi se le salen los ojos de sus órbitas. Roberto prosiguió:
- Quería pedirle, sino es mucha molestia, me contara un poco mas de mi padre. Me enteré que ustedes ayudaron a mi papá cuando el llegó aquí. Quiero saber todo lo que me puedan decirde el.
Doña Lourdes sale y queda Don Pepe con Roberto, toma un poco de café y con los ojos enrojecidos empieza a contar:
- A ver, a ver, ¿por donde empiezo? Conocí a tu padre una tarde de verano, lo vi sentado en un almacén abandonado que esta varias calles atras; lo vi porque ese día iba a comprar mercancía para surtir el negocio; lo vi desaliñado y sucio. Nadie lo quería ver y lo miraban con asco, eso me enfureció mucho así que me acerqué y le di un pan. Recuerdo como tu padre se devoró ese pan así que le ofreci comida y alojamiento al cambio de trabajo. El acepto de inmediato y empezó a trabajar. Buen muchacho, trabajaba sólo medio día porque al ser ilegal y menor de edad no podía trabajar todo el día.
- Entiendo.
- Tengo muchos conocidos en el ministerio de extranjería; así que pedí muchos favores y lo legalice. Cuando cumplió los dieciocho años, ya era ciudadano español y lo pude registrar como mi empleado. Así que le pagaba su salario completo y ya se vestía mejor. Aunque el decía que yo era un gruñón pero es mentira ¿eh? Lourdes y yo lo queríamos mucho; era el hijo que nunca tuvimos. Me alegra que ese muchacho me haya dejado un nieto postizo. Jajaja. Puedo decirte nieto ¿verdad? Si no, te la aguantas. Jajaja.
- No, no, si me gustaría. Abuelo. Jajaja
- ¡Mujer tenemos un nieto!.
- Una pregunta abuelo, ¿ mi papá comentó algo de su tribu?.
- Si, el me dijo que era el heredero de una tribu, se vino porque lo querían casar a los catorce años pero el estaba joven y no quería tener responsabilidades de ningún tipo; por eso tampoco entrenaba con su padre. Ah verdad, el me dijo algo de una gema, se llama Serafin en llamas, algo que sólo los jefes de su tribu sólo lo pueden hacer; no me explico mucho porque yo no entendía nada.
- Ah ya, al fin y al cabo tendré que ir a Venezuela para saber de esta gema.
- Si. Allá supongo que te explicarán mejor. ¿Para alla irás hoy?.
- No; voy a Egipto a estudiar Arqueologia, seré arqueologo y espero con esa carrera poder viajar y ver que puedo descubrir.
- Wow, mujer tendremos un nieto arqueologo.
Llega Doña Lourdes con algo entre sus manos.
- ¿ Que traes ahí? Pregunta Don Pepe con seriedad.
- Nada es para el. Hijo te traje una foto de tu padre; el no era muy amante de las fotos porque no quería que lo descubrieran pero nos dejó tomarle esta foto en navidad porque se lo pedimos.
Le entrega la foto y Roberto rompe a llorar al ver como era su padre así que dice con palabras entre cortadas:
- Gracias, gracias de verdad..
- No me lo agradezcas, quisimos mucho a Raul; era como un hijo para nosotros.
- Si, el abuelo ya me dijo
- ¿Abuelo? ¿ Que paso aquí? Pregunta confundida .a lo que Don Pepe responde:
- ¿que va a ser mujer? Raul era como un hijo para nosotros, eso hace a Roberto nuestro nieto
- Cierto. Yo quiero contarte de tu madre,
- Perfecto abuela; cuéntame.