Caminamos de la mano sobre la arena. Me sentía tan tranquila a su lado, todo estaba marchando bien. Hablamos y reímos un poco. Después de caminar unos minutos nos acostamos sobre unos camastros aún en la propiedad de Santiago. El se quitó la camisa y por Dios su pecho era tan varonil y marcado, sentía que estaba en el cielo. Se puso bloqueador y por un momento deseaba serlo, quería recorrer todo su hermoso pecho y brazos. No pude evitarme morder mi labio inferior mientras lo miraba. -Tranquila Ana, pronto probarás de todo esto- Río al mirarme. -Dios eres tan engreído- Cerre mis ojos para evitar volver a mirarlo. Aún que estuviéramos bien y todo fluyera increíble. Me daba vergüenza que el supiera que me moría por estar con el, después de todo el es un mujeriego y no puedo aún caer en

