¿No le temes al diablo cierto? Josephine. Podía sentir como mi pecho bombeaba a una gran velocidad recordándome la acalorada discusión que tuve con Kenner hace segundos en el baño. Aunque en realidad no debería de llamarse acalorada discusión debido a que esta vez fui yo la que tomó el sartén por el mango y me convertí en la que puso un alto entre ambos. Aunque Kenner llevaba su as bajo la manga y estuve a punto de dejarme llevar por la situación. En cuanto salí del baño algunas de las chicas que se encontraban en una pequeña fila me observaron y no pude evitar sonrojarme más de lo que me encontraba. Caminar sin bragas entre las personas con una tenue luz era algo que ni en un millón de años espere que fuera posible y así me encontraba. Llegué a la mesa no sin antes darle una mirada a

