Una inolvidable boda En menos de una semana ya estaban las invitaciones listas, fue y habló con mamá y papá. Cuadraron fecha y yo solo debía decidir dónde sería la luna de miel. Según él su familia era experta organizadora de bodas y para que todos pudiesen asistir sería en una capilla cerca de la casa de sus padres. No me pondría exigente. Yo quería que su familia que es humilde disfrutará y se sintiera a gusto. La que iba a estar escupiendo dragones seria mamá, pero debíamos embutirle trago desde temprano para que no se fijara en detalles. La semanas próximas al día pautado estuve disfrutando en spa, piscinas, clubes de golf. Mientras ellos organizaban y creaban yo vivía una quietud en mi espíritu. Ya me había hecho a la idea del matrimonio y me parecía chévere no tener que esta

