Pía. Jugar con la poca cordura que cargaba Josefina era más divertido de lo que imaginaba, sobre todo si la mayoría están conspirando en su contra. Sentir el aroma de mi perfume en Francesco, escuchar que la llaman por mi nombre y sin olvidar esos constantes momentos donde me ve, su ego no la dejaba aceptar que sin dudas no estaba muerta. Los primeros días en que me presentaba, ella decía que no era real y luego empezó a ignorarme por completo, por ahí contestaba mis burlas, pero lo mínimo porque ella seguía afirmando que estaba más que muerta y solo era producto de su desintoxicación a sus tantos problemas con la cocaina que tiene. Ella estaba feliz con la idea de ser la esposa de un Salvatore, no de cualquiera, sino de Francesco. El hombre que siempre fue una disputa entre nosotras,

