Marena. Estaba cansada de vivir de esta forma, golpes, gritos y ahora era la culpable de que mi papá pierda todo. La ruina nos perseguía, había vendido hasta lo mínimo que tenía en mi habitación para ayudar a pagar sus deudas, pero nada alcanzaba porque debía a demasiadas personas y sobre todo a uno de los líderes de la mafia. Se cómo son ellos, si papá no paga está misma tarde, no vivirá más, son las reglas por deberle a gente poderosa y mala. — Marena — dice mi padre asustado. — No tengo nada de dinero, te di todo y encima perdí mi empleo — digo cansada. — Eso no importa, ven conmigo — me pide haciendo que frunza mi ceño y cansada de todo lo siga. Caminamos a la sala para encontrarnos con varios hombres a nuestro alrededor y uno en concreto sentado en el sillón, como si fuera el due

