capitulo 39 El Amanecer de la Verdad

736 Palabras

El sol de la tarde caía con una calidez casi mística sobre el jardín de la propiedad en la Toscana. No era una mansión blindada, sino una casa de piedra y hiedra que respiraba libertad. El aire olía a romero, a tierra mojada y a esa paz que solo se consigue tras haber sobrevivido al fuego. Fabricio observaba desde el porche a Julián, que corría entre los olivos. El niño, ajeno a las guerras de linaje que casi le cuestan la vida antes de nacer, soltaba carcajadas que eran, para Fabricio, la música más sagrada del mundo. Isabella salió de la casa con dos tazas de té, moviéndose con una elegancia serena. Ya no cojeaba; su cuerpo había sanado, pero era su mirada la que realmente reflejaba el milagro: ya no buscaba peligros en las sombras. Un diálogo frente al destino Isabella se sentó al l

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