POV Ares No quería dejarla sola, no después de la semana tan hermosa que habíamos tenido, pero este contrato en Nueva York surgió de último minuto. Uno de los pocos clientes que aún confiaban en mí necesitaba cerrar el acuerdo en persona, y no podía decir que no. Gianella se despidió de mí esa mañana en la puerta del apartamento, con sus manos tibias en mi rostro y sus ojos cafés brillando con ternura. —Te voy a extrañar —me susurró, mientras jugaba con el cuello de mi camisa. —Prometo no tardar más de una semana —le dije, acariciando su mejilla. —Tráeme algo que me recuerde a ti —bromeó. —¿Y qué hay de mí sin ti toda una semana? —respondí besándola suavemente—. Voy a necesitar una caja entera de recuerdos. Se rió y me abrazó fuerte. La forma en la que encajaba en mis brazos era per

