Black Eagles LA VIUDA NEGRA. Libro. 01 —Si te conociera un poco más, y estuviese asegurando mi puesto —lo acarició y luego dijo de la manera más natural:— Te haría una mamada, pero lo cierto es que no. Tú y yo no nos conocemos. A él le pareció que ella tenía toda la razón, pues opinaba lo mismo. No tenía sexo casual, bueno al menos, no con extrañas. Lo hacía en el club, porque sabía que era un requisito indispensable que cada socio llevara los certificados de salud cada tres meses. —Tienes toda la razón —se sentó a la orilla de la cama, y le hizo señas para que se sentara a su lado. Ella lo hizo, y se desabrochó el sujetador dejando la prenda en el suelo. —Creo haber visto un tatuaje en tu espalda, déjame verlo. —¿Para qué? —preguntó tensa, pero después se recompuso—. Solo pod

