_Yo creo que eso es bueno, porque nunca logro dominarte del todo, a pesar de todos esos años, a pesar de todo lo que te hizo, tú espíritu y tú voluntad fueron inquebrantables. Tanto que incluso tuviste la fortaleza para quedarte todo ese tiempo y no salir huyendo de ahí en cuanto te enteraste de su muerte. _Fue por mis hijos. _¡Exactamente! Eso lo confirma, fuiste fuerte por ellos. Cuantas mujeres no hay que colapsan al menor obstáculo, se tiran a la depresión y se olvidan de sus hijos, se regodean en su miseria y esperan que los demás hagan lo necesario. Es tirar la toalla a la menor oportunidad, pero no tú ¿cierto? Tu estuviste ahí, de pie, aunque estuvieras destruida por dentro, por y para ellos, te quedaste hasta el final. Y sigues conservando tu sentido de la justicia y la empatía

