Dos meses después, cuando Roxana cumplió cinco meses de gestación, llegó el momento de conocer el género de los bebés. El vientre de Roxy era mucho más grande que el de un embarazo único, la pobre empezaba a sentirse como una ballena, pero todos sus temores se disiparon cuando sentía los movimientos de sus hijos. —¿Están listos? —indagó el ginecólogo, los miró a ambos. Giovanni agarró de la mano a Roxana. —Sí doctor. El médico pasó el doppler sobre el vientre de la madre, miró la pantalla, se tomó su tiempo y luego habló. —Son niños, tendrán dos varones. —¡Sí! —exclamó Giovanni con expresión de triunfo—, le gané la apuesta a Franco. Roxana puso los ojos en blanco, resopló, a veces su novio y su cuñado eran tan infantiles, parecían dos niños discutiendo por tonterías. —Son u

