-¡No me digas que fuiste!- Juan casi gritó motivado por la sorpresa. -Shh.. No quiero que mi mamá se entere, ya sabes como es, tan desconfiada que si no fuera porque tu mamá es su única amiga, ni siquiera me dejaría verte a vos.- le respondió Ingrid bajando la voz y comenzando a caminar hacia los establos, para alejarse de la cocina en la que su madre preparaba la cena. -¿Y? ¿Qué pasó? ¿Fue?- le preguntó Juan intrigado controlando el volumen de su voz. Ingrid asintió con su cabeza y el rubor de sus mejillas le confirmó a Juan que todas sus esperanzas estaban perdidas. Había estado enamorado de ella desde que podía recordarlo, pero Ingrid nunca había demostrado algo más que sus intenciones de amistad con él. Con el correr de los años se había acostumbrado a escucharla y aunque no pudie

