“Preciosa te llevo”
Salgo de “Brisas Calientes” a las 11 de la noche es muy tarde ya, le restó importancia cuando ya estoy en la calle y hay muchas personas caminando por esas áreas. Saco mi celular mientras camino y no sé cómo, pero tropiezo con algo duro, pienso que caeré al piso, pero unos brazos me sujetan fuertemente de la cintura impidiendo mi caída. Me espanto cuando reconozco a mi héroe, me entra la risita nerviosa.
—¿Estas bien preciosa?— su voz ronca me enloquece. Esto no debió pasar, me quejo mentalmente.
Asiento toda tonta por su cercanía, de frente es más guapo aún, me quedo lela viendo esos ojos grises, como tormenta. Me sonríe de lado.
—Sí, estoy bien, perdone— musito atolondrada. Me guiña un ojo soltándome. Me tambaleó mareada, eso guiño me atonto más. Sus manos automáticamente me sujetan al verme tambalear.
—¿Segura que estás bien?— inquiere mirándome con preocupación.
—Sí, solo me maree un poco, gracias— su amabilidad me abruma, o sea, adentro parecía un león viendo a su presa, ahora parece un hombre atento y decente.
—Bien…
—Gracias por no dejarme caer— agradezco con una pequeña sonrisa.
—No es nada, con gusto— su acento no parece argentino. Lo miro intrigada. El me observa con interés, más de la cuenta, y es entonces cuando me pegunto ¿Me reconocerá del club? Ay Dios, espero que no.
—Adios— digo, separándome de él, para tomar mi camino.
—Espera— me detiene del brazo, lo miro con una ceja levantada. —¿Cómo te llamas? Bueno si puedo saberlo.
Me le quedo mirando fijamente, ahora que vuelve hablar algo más largo, su acento se nota más. ¿Italiano? Seguro que sí, suena como uno, y se viste como uno.
—Alina— musito apenada.
—Un placer conocerte Alina, bonito nombre, yo soy Sergio…— me tiende su mano, la cual acepto encantada. Después de todo es el hombre del club, y parece amable, además él no sabe que soy yo, algo que me tranquiliza.
—Igual, Sergio…— saboreo el nombre en mis labios, suena bien, lo miro fijamente y a él le brillan los ojos. —Bueno… me tengo que ir, vivo lejos… adiós— me despido ignorando las ganas que me asaltan de perderme en sus ojos grises, oscurecidos un poco.
—¿Dónde vives? Quizás yo pueda llevarte…— se ofrece, me cruzo de brazos nerviosa.
—No sé si sea buena idea…— murmuro.
—Lo hago en buen plan, no pienses nada raro… ¿De dónde eres?— habla relajado, su pregunta no me toma por sorpresa porque es obvio que argentina no soy.
—Venezuela, ¿Y tú?— aunque ya se la respuesta, es mejor asegurar.
—Venezolana, eso aclara tu belleza…soy italiano, de Venecia— sonrío cuando me dice el lugar exacto de donde es, porque siempre he querido ir allí.
—Me encanta Venecia, bueno no he ido, pero amo todas las fotos que veo de allí— suelto soñadora.
—Seguro que vas algún día…ahora que nos conocemos un poquito… ¿Quieres que te lleve a casa? Es muy tarde para que camines a una parada de autobuses, y no me sentiría en paz si no aceptas.
Su forma de convencerme suena bien…pero.
—¿No eres un traficante italiano o algo peor así?—pregunto medio en broma medio en serio. Su semblante cambia, se torna serio.
—¿Algún problema si fuera de la mafia italiana?— abro mis ojos pasmada. No sé qué decir, me entra la risa nerviosa. Miro a ambos lados, pensando la posibilidad de huir. Cuando escucho su carcajada. —Solo bromeo preciosa, solo soy un hombre de negocios y para que sepas, todos legales— aclara riendo. Suelto una risa nerviosa, la última. No sé qué decir.
—Eso dio un poco de miedo…
—¿Te llevo entonces?— asiento sin pensar más, dejando salir a la chica que canto en el club, la atrevida, sin miedo a anda.
—Sí— afirmo.
—Bien, vamos al coche.
Caminamos al parking del club, cuando llegado al su coche, casi se me cae la baba, tiene un Corolla Toyota del año, color n***o, me abre la puerta del copiloto, sonrío por su galantería, me gustan los hombres así, atentos.
—Dirección— musita prendiendo el coche, y activando el GPS. Seguro para darme tranquilidad a mí.
—Avenida los Quilmes— musito de memoria, hace tiempo me perdía cuando daba las direcciones. Ahora me las sé de memoria.
—Vivimos cerca… vivo en la avenida Belgrano con Madariaga— asiento ubicándome, más o menos cerca.
—Algo, no tanto, bueno en coche particular supongo que rápido, ahora en el metro, si es un poco… tendría que hacer varias transferencias— musito distraída en la ventana, primera vez que subía a un coche particular en todo el tiempo que llevaba en Argentina.
Todo se ve absolutamente mejor así, en coche particular debe ser mejor pasear en este lugar, que andar de metro en metro. Algún día, pienso positiva.
—¿Hace cuánto que estás en Argentina?— volteo para responderle la pregunta.
—Desde 2017... Hace un poco de tiempo.
—¿Estudias o trabajas?
—Ambas… ¿Tu hace cuánto que estás acá?
—Desde siempre… nací en Italia pero me críe aquí, luego fue a mi país a aprender completamente le idioma y estudiar la universidad— asiento maravillada.
—Qué bueno, yo quise estudiar en mi país, pero no se pudo… ya sabes por todo el problema de la crisis y eso.
—Sí, algo he escuchado.
—¿Qué estudias aquí?
—Derecho.
La ronda de preguntas sigue hasta que llegamos al portal de mi edificio. El barrio donde vivo es humilde, su coche desentona muchísimo, le sonrío agradecida.
—Muchas gracias por traerme, y un placer conocerte…— hablo ya lista para bajarme.
—Espera… ¿Me das tú número? Me encantaría salir a tomar algo otro día contigo…— su proposición me asombra un poco. Medito un poco mi respuesta, al final asiento.
—Claro— accedo, le dicto mi número, ese que me sé de memoria. —Nos vemos, gracias por traerme.
—No ha sido nada, preciosa, te enviare— me dice antes de que baje del coche.
Ya en la será de mi edificio, nos despedimos con un gesto de manos. Quien iba a pensar que mi fan número uno sería tan lindo y amable. Lindo.