Hace un mes desde que Adam me envió ese mensaje, lo extrañaba, no podía evitarlo. Por suerte en este mes había viajado fuera de Perth y tendré que viajar esta semana a Sidney, con un escritor que está lanzando su libro en varios idiomas y el editor me pidió que fuera con él en representación de la editorial. El escritor era todo un papacito, era alto rubio, ojos verdes, cabello rubio corto pero la parte de adelante se la peinaba hacia arriba, piel blanca, su rostro era muy varonil y tenía un cuerpo bien ejercitado, unos labios delgados bien definidos, nariz perfilada y tenía cuarenta años su nombre era Michael Copper escritor de cuentos infantiles. En la semana que Adam estaba de cumpleaños viajamos a Camberra a promocionar el libro y luego de unas cuantas copas me acosté con él al pri

