Isabel y yo hemos estado viajando por el mundo por tres meses, luego de la pequeña discusión que tuvimos en Paris he notado en ella un gran cambio, hace todo por hacerme feliz y su entrega cada noche es apasionada como si yo fuera el único hombre en la tierra y eso me encanta, en estos momentos estamos en Nueva York, le insistí que viniéramos por motivos de trabajo, pero tengo un motivo oculto. Estaciono frente a un edificio pequeño y me bajo saludo al portero que ya me conoce y subo al último piso, camino por el pasillo y toco el timbre del apartamento. - Buenas tardes Sanders. - ¿Michael? Pasa –Me señala con su brazo dándome paso hacia su apartamento- Pensé que seguirías de luna de miel con tu ahora esposa –Dice cruzando sus brazos sobre su pecho serio- -

