Capítulo 11 Entre los quince y los dieciséis, Elara empezó a sentir lo que significaba vivir bajo un futuro que otros habían escrito para ella. Lo que antes eran insinuaciones vagas se volvió una presencia constante en la mansión Valerio. Todo parecía girar en torno a ese destino planeado, como si ya no tuviera espacio para moverse sin chocar con él. Desde aquel encuentro en la galería, Damien Serrano ya no era solo un rumor con traje. Era real. Tenía voz, presencia, y una mirada que aún le pesaba. Le había tocado la mano por un segundo, y eso bastó para volverlo imposible de ignorar. La presión llegó de forma suave, casi elegante: La sonrisa satisfecha de Elena cuando un vestido le quedaba perfecto. El suspiro apenas audible de Ricardo si la encontraba leyendo poesía y no practicando

