La invitación no era una pregunta. Era una afirmación: la mansión Serrano abriría sus puertas para celebrar el compromiso oficial entre Damien Serrano y Elara Valerio. Cartulina gruesa, letras doradas, un sello perfecto. El anuncio estaba hecho para impresionar. No para invitar. El vestido fue el primer enfrentamiento. —El azul hielo resalta tu... ascendencia particular —comentó Isolda durante la tercera prueba—. Las perlas ayudan a proyectar lo que no se hereda. Elara se miró en el espejo. El vestido era hermoso, sí. También ajeno. Se tocó el borde del escote, preguntándose por qué algo tan bonito podía sentirse tan hostil. La noche del evento, la mansión estaba iluminada como si la luna entera hubiera decidido posarse allí. Desde el coche, Elena la acomodó como si fuera una figura d

