Era una fría tarde en la cuidad de Lambeth, acomode mi campera blanca mientras caminabamos en dirección a nuestro bar favorito.
Hannah y Candy iban unos metros adelante que Rena y yo, el bar estaba en la esquina.
-Scar, ¿Tú crees que este año encuentre al amor?- escuché como Rena preguntaba.
-El amor solo llega Rena, cuando menos lo estes esperando llegará.
-Lo sé pero... No lo sé. Ahora tu estas con Holton y ¿Qué hay de mi? Estaré sola.- pasé un brazo por encima de sus hombros.
-No digas eso.- negué.- Sólo fue un beso, no quiero ilusionarme y además, nunca te dejaré sola. Eres mi mejor amiga y te quiero.- entramos al café bar y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana.
-También te quiero Scar.- sonrió.
Hannah y Candy se sentaron junto a nosotras, y comenzó la tan esperada charla de amigas.
Les había contado sobre el beso, y estaban super emocionadas.
Joder, ¿Por qué Holton me había besado?
No negaba que había sido un buen beso, pero fue muy raro.
Observé el lugar, siempre había sido mi bar favorito aquí en Londres.
-No es posible...- escuché susurrar a Rena, que estaba frente a mí.
-Gira lentamente Scarleth.- sin disimular un poco, me di vuelta y aunque parezca algo loco... Todo se volvió en cámara lenta.
El nuevo chico raro del instituto venía caminando hacía nosotras con su mejor cara de "odio mi vida" y un sucio delantal azul.
-¿Tú?- preguntamos al mismo tiempo.
-¿Trabajas aquí?- preguntó bajo Rena.
-Disculpa, ¿Qué?- Michael no logró escucharla y Rena no repitió su pregunta.
-Que si trabajas aquí.- repetí por ella.
-¿No es obvio?- dijo seco.
-Solo preguntaba.- rodé los ojos y observé la carta.
-¿Ya saben que van a pedir?- las tres chicas que estaban en mi mesa estaban embobadas con el chico raro.
-Chicas.- llamé su atención.- ¿Que van a tomar?- pero no había caso, no respondieron.- Bien Cranston, escuchame.- Él me observó.- Quiero dos Mochas, un Latte y un Expresso. Y trae algunas tostadas.- terminé la orden y saqué mi celular, pero seguía sintiendo la mirada del raro.- Terminé mi orden.
-Oh, lo siento señorita sin modales. Ya traigo su pedido.- y regalandome una sonrisa sarcástica, se marchó.
-idiota.- susurre.
-Es hermoso.- escuché como Rena soltaba en un hilo de voz lo lindo que era el chico que me trato de sin modales.
-Es caliente.- dijo Candy.- Me encanta.
-Como te miraba...- exclamó.- ¡que envidia!- mire a Hannah.
-Estas demente.
(...)
-Muy bien señoritas.- les entregó los vasos a mis amigas.- Bambi.- me entregó mi Expresso.- Disfrútenlo, menos tú.-me señaló.- Adiós.
-Se supone que tienes que tratarme bien.- lo llamé.-Podría hacer que te despidan. Soy tu cliente.- sonreí maliciosa.
-Oh, que niña mimada eres.- hizo una mueca.- ¿Tengo que temerte?- preguntó inocente.
Me levanté del asiento, no sabía a quien se enfrentaba.
-Yo creo que sí.- susurre cerca de su rostro. Tomé mi Expresso y eleve el tono de mi voz.- Oh niño, ya te lo dije. Mi Expresso esta frío y tiene un gusto raro, ¿Por qué no quiere cambiarmelo?
-Cierra la boca Bambi.- tomó mi brazo.
-¿Por qué me agarras?- exclame.
-Cállate Scarlerth.- amenazó.
-¿Pasa algo Scarleth?- escuche la voz de Tony, el dueño del lugar, amigo de mi padre.
-Nada Tony.- se apresuró a decir Mitchell.
-¿Es así Scar?- me preguntó.
-Solo quería cambiar mi café, gracias Tony.- sonreí, soltandome del agarre de Mitchell.
-Clifford, cambiaselo y no vuelvas a negarle nada a un cliente y menos a la dulce Scar Falls. La próxima no te lo perdonaré.
-Si señor.- asintió.
-Yo creo que si tienes que temerme.- le guiñe un ojo.- No tardes mucho, quiero mi Expresso rápido.
-Pues puedes meterte el café por el medio del...- pero mi querido Mitchell fue interrumpido.
-¡¿Cranston?! ¿Qué es esa manera de tratar a una cliente? No puedo aceptar esto.
-No señor, no entiende. Yo...
-¡Despedido!
(...)
-Mitchell, espera, puedo hablar con Tony y...- me puse rápido la campera, mientras que seguía los pasos del teñido.- Es muy amigo de mi padre y...
-¡Ya hiciste demasiado Scarleth!- se dio vuelta, caminando furioso hacía mí.
Pude sentir la ira en su mirada y en su tono de voz. Su respiración estaba agitada y estaba muy cerca mío.
De verdad estaba furioso.
Había metido la pata.
-Déjame solucionarlo, enser...
-¿No era que tu no eras una fresa? Resultaste ser inmadura, malcriada y estúpida, como una maldita fresa Bambi.-escupió.- Mierda, necesito un cigarrillo.- sacó del bolsillo de su campera de jean la caja y luego la abrió para agarrar uno de esos cigarrillos que tanto necesitaba.
-Si bueno, puedes insultarme, me lo merezco.- puse mi mano en su pecho, alejandolo de mí.- O puedes decirme en que eres bueno y dejar que te consiga un mejor trabajo. Mi padre tiene contactos.- sonreí.
-¿Qué?
-Oh vamos, aquí no te pagaban muy bien de todos modos, puedo hacer que entr...
-Mecánico.- me interrumpió.
-No entiendo.
-Puedo desarmar y armar el motor de un auto como quiera. Soy mecánico.- soltó como si le costara contarme eso.
-No vi tu auto.- fruncí el ceño, lo conocía hace menos de una semana pero, no lo había visto sobre un auto.
-Eso no te incumbe. ¿Me ayudarás o me puedo marchar?- encendió el cigarrillo.
-Acompáñame a casa. Papá sabrá que hacer.- sonreí mientras que comenzaba a caminar.
-¿Es tu forma de pedirme perdón?- escuche su pregunta.
Me di vuelta y agite las llaves de mi auto.
-En realidad, iba a dejar que manejaras a casa en forma de disculpa.
-Disculpas aceptadas.- camino como un zombie hasta las llaves y luego nos metimos al auto.
No me esperaba que Tony despidiera a Mitchell, él era mas bueno que el pan extra bueno.
Pero bueno, sentía la necesidad de ayudar al chico raro.
Quizás era algo en su fría mirada verde.
O lo rosa de sus finos y apetitosos labios...
¿Qué digo? Solo se trataba de un poco de culpa de mi parte hacía él.
(...)
-¿Papá? ¿Mamá? ¿Hay alguien aquí?- pregunté dejando las llaves sobre una mesa de entrada.
-Señorita Scarleth, bienvenida.- John, el mayordomo de la casa y casi mi tío, me recibió.
-Hola John, él es Mitchell, un chico al cual estoy ayudando. ¿Papá está?
-Tu padre esta en su despacho y tu madre en el salón de belleza.- me sonrió.- ¿Necesitas algo mas?
-No gracias John.- le devolví la sonrisa y comencé a caminar.
Al no escuchar los pasos de Mitchell, me di vuelta.
Parecía un niño en una dulcería.
Observaba todo con detalle, como si mi casa le sorprendiera.
Había vivido aquí desde que tengo memoria, era una casa demasiado grande para una pequeña familia de tres personas.
A veces (muy seguido) me sentía realmente sola en este lugar, siempre le había dicho a mis papás que nos mudáramos a algo mas pequeño.
Pero mi papá era un hombre muy enamorado de su mujer, mi madre.
Y ella amaba el lujo.
Amaba todo lo que fuera brillante y costoso.
Por lo que no se movería de aquí hasta el día de su muerte.
Sus palabras, no las mías.
-¿Vienes?- pregunté tomando su mano.
-¿Realmente vives aquí?- comencé a caminar, arrastrándolo conmigo.
-Sip.- remarque la última letra.- ¿Muy lindo no lo crees?- todas las personas que venían a casa por primera vez se quedaban embobadas con la casa, olvidando que venían por mí o por mi familia.
-Algo grande, ¿No lo crees?
-Excesivamente grande, Mitchell.- toque la puerta del despacho de papá y espere a que me respondiera.
-¿Vas a soltarme la mano, Bambi?- preguntó juguetón el chico raro. Sonrojada, la solté.- ¿Y que es esa música? ¿viene de esta habitación?- señaló donde mi papá se encontraba.
Rayos, otra vez escuchando su música.
Cuando mamá no estaba, papá solía escuchar algo fuerte su música de hard rock, como él decía.
Él se había criado escuchando esa música del diablo, como la llamaba mamá, por eso lo escuchaba cuando estaba solo.
Abrí la puerta y baje el sonido de la música.
-Hola papá.- rodé los ojos acercándome a saludarlo.- Tú y tu música satánica me mataran.
-Oh vamos, se que en secreto te gusta.- sonrió.- Hola princesa.
Rick Falls era el dueño de la empresa "Falls" dedicada exclusivamente al deporte.
-Pa, necesito que me ayudes. Él es Mitchell Cranston, necesito que le consigas algún trabajo, es bueno en motores y todas esas cosas.- le dije y luego, obligue a Michael para que entrara.
-¿Tú eres Mitchell?- preguntó mi padre.- ¡Asombroso!
-Hola Señor Falls.- sonrió sin mostrar sus dientes.- Un placer verlo de nuevo.
-¿De nuevo? ¿De que me perdí? - cuestione.
-Mitchell es el chico que arreglo a la Chata el otro día. Le había ofrecido trabajo aquí pero se negó.- se levantó de su silla y fue directo a Mitchell para estrechar su mano.- Dime Rick, por favor.
-Tuve un inconveniente en mi anterior trabajo y ya no trabajo mas ahí.- rascó su nuca.
-¡No hay problema! Necesito alguien que cuide mi colección de autos!- exclamó.- Dime que aceptaras trabajar aquí.
-¿Aquí?- abrí mis ojos.- ¿Trabajar aquí?- repetí.
-Claro que si. Si él esta de acuerdo.- lo mire y negué con la cabeza, podía conseguirle otra trabajo en cualquier otro lado, pero no quería al chico raro rondando por aquí.- ¿Qué dices?
-Acepto.
Y una sonrisa maliciosa nació en sus labios.
Me gustaría poder decir que me disgusto y que me pareció horrible.
Pero... Puedo hasta jurar que sentí algo en mi interior moverse.
¿Nauseas quizás?
Sea lo que sea, no quería saberlo.