Christine Walsh. –¡¿Estás demente?! ¡No! –chillé totalmente enojada. –¡Son solo siete insignificantes minutos! –manifesté y la verdad es que, quiero pensar que se está tratando de una maldita broma de su parte, me reí un poco ilusa, pero él… tenía un semblante serio y decidido. No bromeada. –Lex no, por favor, vamos… todo un año hice lo que me solicitaste, ¿no podrías regalarme estos últimos siete minutos? ¿por favor? –me atreví a implorar, incluso puse ojos suplicantes con el fin de verme más convincente. –¡No! –exclamó lleno de autoridad, hice un mohín, totalmente enojada. –¡Puedes odiarme más si quieres! –me informó y que no tenga duda de que así será. –¡Vamos Chris, será la última orden! ¡Para cerra este acuerdo con broche de oro! Además… será la más fácil de todas. –se notaba entus

