Había pasado días

1622 Palabras
↝↜ Edward ↝↜  Había pasado días horribles, ni siquiera me había animado a quedarme en casa solo y como mi papá se mantenía fuera de casa casi siempre había decidido ir a pasar unos días con mi mamá, pero su recibimiento no fue como esperaba.  — ¡Por fin viniste a visitarme! — Me reclamó desde el sillón donde estaba sentada con una botella de Ginebra Suiza en la mano con menos de la mitad de contenido. Me señaló y negó tratando de pararse, pero no pudo — ¡Tu padre es un canalla! Tú deberías vivir conmigo ¡Soy tu madre! — Me acerque a ella preocupado al verla así y la ayude a ponerse de pie para llevarla a su habitación, pero en ese momento llegó Giancarlo el esposo de mi mamá y en vez de mejorar todo empeoró — ¿Estás borracha otra vez? — Habló molesto y comprendí que no era la primera vez que pasaba, mi mamá se rió a carcajadas al escucharlo y se soltó de mi caminando hacia él. — Mi niño vino — Contó con la voz llena  de añoranza tomando a su esposo del brazo — Mi pequeñito está ahí — Me señaló sonriente y al ver el estado en que mi mamá se encontraba sentí demasiada tristeza que se transformó rápidamente en lágrimas. — Fiore — Giancarlo me miró con pena mientras le llamaba la atención — Así no solo te haces daño a ti… tu hijo te necesita, yo te necesito… — Mi mamá me miró con culpa y me sentí horrible al ver que empezaba a llorar, yo no quería que ella llorará. — Perdón… — Expresó con dolor palpable en su voz — Perdón d**k… — Salí con rapidez de allí, «Ni siquiera recordaba mi nombre… me había llamado como llamaba a Richard…» Desde la muerte de Richard solo pasaban cosas malas.  Había faltado al colegio porque no había día en que Marcos y su grupito no me molestaran, y aunque Valeria hacía lo posible por mantenerlos lejos de mí, al ser una chica popular tenía otras cosas que hacer, así que cuando ella no estaba ellos aprovechaban para molestarme, los odiaba, odiaba ir a estudiar, pensé que podría hablar con mi mamá, ella siempre había sido mi pilar de apoyo, ahora no solo era invisible para mí papá sino también para mi propia madre. Para completar mi desgracia una llamada entró a mi celular. Conteste porque temía que de no hacer algo muy malo pudiera sucederme, a mí y a mis padres.  — Tienes tu primera tarea — Dijo la voz robótica tan pronto como — Consigue la huella de Valentina Lorens  — No... no puedo — Respondí sorbiendo por la nariz, mientras usaba mis manos para secar mis lágrimas.  — Es mejor que puedas pronto, no me gusta esperar... piensa en tu papá — La llamada llegó a su fin, baje el teléfono y lo metí en mi bolsillo mientras mis lágrimas caían con más ímpetu, odiaba que todos me molestaran, odiaba ser la persona que todo el mundo quería intimidar «¿Qué crimen había cometido yo para que me pasara eso?» Me subí a mi auto y recosté mi cabeza al volante, no sabía cómo iba a conseguir la huella de Valentina, ni siquiera era justo, yo trataba de mantenerme alejado de ella, además ella ya no estaba en el colegio, trabajaba y seguramente nunca estaba en casa, sabía que podía encontrarla en la disquera a esa hora, pero le tenía más miedo a Valentina que a cualquier otra persona y ver a mi mamá en el estado en que vivía desde la muerte de mi hermano solo sumó cargas a mi espalda.  Al final decidí ir a visitar la tumba de mi hermano, era el día en que había muerto, quizás por eso mi madre estaba borracha y mi papá desaparecido, pues ni las llamadas entraban. Maneje de regreso a la casa de mi papá. Al llegar decidí entrar por la parte de atrás para poder ir al mausoleo sin que nadie me viera, en caso de que Rafael se encontrara en casa.  No lleve flores porque en vida mi hermano las odiaba. Estacione el auto y camine hacia allí.  Entre al mausoleo a paso vacilante, siempre era triste saber que aquellas personas que reposaban allí habían estado vivas, hablando, habían estado también en mi lugar y un día sería yo el que estaría en el lugar de ellas. Suspiré profundamente secando de nuevo mi rostro y me senté frente a la urna de mi hermano, su foto estaba allí sostenida por un estante de mármol.  "— No te dejes intimidar… eres valiente —” Recordé las palabras de mi hermano la última vez que lo vi, parecía que solo hubiera pasado un día. "— Cuida de mamá y papá… y de Valentina — No...— Lloré con amargura al sentir que se estaba despidiendo — Eres tu el que debe cuidarme de ella — Ed… — Tomo mi mano como solía hacer cuando algo me asustaba y sonrió ya sin fuerzas — Nunca más temas ante ella… Sé fuerte y enseñala a querer, muestrale la felicidad por mi… y no te dejes intimidar… eres Valiente y eres especial" — No me dejo intimidar…— Mire mis manos tristes — Lo intento, pero la vida es intimidante...  —Si sabes que no te escucha ¿Verdad? — Me sorprendí, de forma desagradable al escuchar a Valentina Lorens, me levanté con rapidez al verla, ella me dio una mirada desinteresada, se puso sus lentes oscuros y caminó acercándose a la tumba, me hice aún lado dejando mucho espacio entre ambos para que pasara, pero ella se detuvo a mi altura y me miró a través de sus lentes — Te sigues comportando como un niño… es patético — No respondí nada porque no quería provocarla. Limpie mis lágrimas en silencio sin apartar la mirada  de ella. Ella quedó en silencio un rato y finalmente se bajó los lentes y dio un paso hacia mí, provocando que me encogiera un poco cuando lo hizo — ¿Sigues temblando cuando escuchas mi nombre? — Preguntó divertida. La mueca de burla en su rostro me hizo temer aún más. Ella era más baja que yo, pero lo que le faltaba en altura para igualarme, le sobraba en malicia para molestarme. Era una mala persona, aunque mi hermano nunca lo supo ver y estaba demasiado cerca como para intentar huir.  — ¿Qué? ¿Qué quieres? — Pregunté aterrado  — ¿Qué? ¿Qué quieres? — Me arremedo gesticulando exageradamente y con tono irritado — Tú no creces friki, idiota — Ella dejó su bolso sobre la silla de concreto y con un pañuelo limpio el lugar donde yo había estado sentado y se sentó — Vengo a visitar a mi mejor amigo  — Él no era tu amigo — Respondí con rabia, ella guió sus claros ojos hacia mí y me miró con advertencia— Vete, no tienes derecho de estar aquí…— No vi en qué momento se movió, pero me empujó con fuerza contra la dura losa de mármol, sentí un fuerte dolor en la cabeza a causa del impacto y empecé a temblar al verla tan cerca, ella puso su antebrazo frente a mi cuello y presionó con fuerza.  — Vuelve a meterte conmigo friki... y no vas a contarla — Ella dejó de ejercer presión, se apartó con rapidez de mí, tomó su bolso, sacó un sobre blanco y lo lanzó hacia el lugar donde poniamos los obsequios para Richard y se marchó. Cuando ella salió solté el aire con temor y me deje caer deslizando sobre el piso.   — Te odió ↝↜Liseth↝↜ Llovía y hacía demasiado frío. Traté de calmar el llanto de mi bebé, pero tenía hambre. No pude hacer más que ponerme a llorar con él.  El frío inclemente de la noche se colaba por dejando los trapos que llevaba por ropa, la fuerte lluvia salpicaba el suelo y pequeñas gotas mojaban mis pies descalzos y la parte baja de mi ropa. No tenía nada con que cubrir a mi niño, nada aparte de mi propio cuerpo, pero toda mi ropa estaba mojada.  Sentía tanta rabia en ese momento, rabia, dolor e impotencia. Sebastián había prometido estar ahí siempre, pero había fallado, en cada una de las promesas que me hizo.  Sebastián nos había abandonado, Jimena también y Valentina me había ayudado solo en una ocasión con la condición de que desapareciera. Eso hice y en ese momento estaba totalmente sola. Sin amigos, sin familia y sin Sebastián.  Un relámpago rompió la noche, el estruendo me hizo estremecer. La lluvia arreció con más fuerza, el viento sopló en nuestra dirección cubriendome dé agua. Trate de proteger a mi hijo del inclemente frío, pero no pude hacer mucho, las gotas mojaron su pequeña carita, él temblo de frío y sus finos labios tomaron un tono morado, su cuerpecito temblaba pegado al mío y sus dedos estaban arrugados.  Un nuevo relámpago alumbró la noche y la silueta de un hombre quedó al descubierto. Me puse de pie lentamente con miedo mientras sostenía a mi niño en brazos, tome mi vieja mochila y empecé a dar pasos hacia atrás, salí de la protección del puente y la lluvia me caló hasta los huesos.  El hombre siguió mis pasos con rapidez. Me, gire con angustia al ver que empezaba a seguirme y empecé a correr huyendo de él, pero no fue mucho lo que pude hacer, me tomó dé los hombros con fuerza y me giró, mi pequeño lloró con más angustia y me estremecí con temor, presintiendo lo peor. —Te encontré
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