Por supuesto, todo esto me hace sentir algo insegura, porque no importa que tanto quiera cuidar del hombre que amo sé que ahora su vida no depende solo de mi. Camino por las calles de Nueva York cargada con una caja de obsequios, mientras busco el enigmático Club Paradiso, hasta que finalmente doy con el, entro al recinto y al hacerlo, me espera un par de gigantes moles de músculo. Acomodo mis lentes y con una amable sonrisa — Buenas noches, busco a la señorita Stevens — sigo mientras detrás de los hombres aparece una rubia delgada de piernas largas y cuerpo curvilíneo. «Sin duda, ella es del tipo del presidente » pienso mientras resoplo. — Tu debes ser Carla, la secretaria de Killian — comenta — Así es señorita, el presidente se disculpa por la larga ausencia y le envía esto, dice q

