"¿Existe mayor castigo que enamorarse de lo prohibido?" La mañana seguía siendo la misma, los mismos problemas para despertar al igual que toda la rutina que siempre hacia. Entro a su oficina sin muchos ánimos. Hoy tendría que hacer demasiados viajes, desde que empezó aquella alianza no había día que no fuera a la otra oficina. Saco los papeles y sin muchas ganas fue donde se encontraba Alex. Su relación con él cada día se volvía más paupérrima, desde la última vez que vio a Gael todo en su vida había cambiado. Ella creía que Gael no la rechazaría, tenía la esperanza que podían empezar de nuevo o incluso volverse amigos. - ¿Cómo estás?- pregunto Alex dándole un corto beso en los labios. Ella fingió una sonrisa. - bien, todo es.. - y antes que pudiera seguir hablando el teléfono de Ale

