ANDRÉS Salí del hospital muy enojado, no puedo creer que Luna ni siquiera me hubiera querido tomar en cuenta en su vida o en la vida de los bebés. Definitivamente para ella no soy nadie importante. Mi teléfono suena una y otra vez avisándome que tengo una llamada entrante, lo ignoro por completo porque se que es Luna o peor Nathan y en este momento no quiero hablar con ninguno de los dos, no los quiero escuchar ni a ellos, ni a sus tontas disculpas, porque todo lo que ellos me quieran decir sin dudas son solo palabras banales para no sentirse tan mal consigo mismos. Me dirijo a la casa de mi padre y me encierro en mi antigua habitación, siento que la sangre me hierve así que tiro un par de cosas a mi alrededor para tratar de aliviar el enojo que invade mi cuerpo. -Hijo estás bien- pre

