Al llegar a la hacienda, de nuevo la subió a su hombro para meterla a la casa, en ese momento lo único que quería era enseñarle por qué no debía desobedecer sus órdenes, ni desconfiar de su palabra. Entró a la habitación, fue con ella hasta la cama, y sentándose la puso en su regazo con su espalda hacía arriba. —Luca ¿Qué vas hacer? —intentó levantarse, pero su palma en su espalda baja lo impidió. —No te muevas o te ira peor, Colibrí —su voz era gruesa y dura, pero la cual prometía satisfacción —esperó que de ahora en adelante confíes en mí, que creas en mi palabra, y que no me temas…—Luca levanto la falda de su vestido, acaricio con avaricia la piel suave de Anastasia y lentamente bajo la barrera que impedía la vista perfecta de mejilla. —Luca, por favor, te juro que no lo vuelvo ha

