—¡Lo logré! Mi exclamación de alegría hizo que los adolescentes que estaban estudiando, en el otro extremo de la mesa de madera, en el comedor, se sobresaltaran y lanzaran sus bebidas por error en sus ropajes. — ¡maldición! — exclamó entre dientes la rubia, deslizando la orilla seca de su vestido por la parte cerca de los senos. —¡Oye! ¡Fíjate miope! — saltó John. Los miré apenada, aunque el grito de reclamo de John había sido más para Ally que para mí. —¡No me grites, zopenco! — respondió furiosa, elevando la mirada furiosa hacia mí hermano. Se empezaron a gritar entre ellos, así que me lavé las manos (expresión usada para decir que me desligué de toda culpa) y seguí haciendo mi trabajo, el cual era abrir el documento secreto del arma nuclear, que Aarón tenía escondida en alguna pa

